Por: Norberto Firpo.El mundo es contradictorio, y aunque la Argentina sólo a medias está inserta en él, no lo es menos. Se diría que a diario rubrica ostensibles méritos para hacer juego con el mundo y que a veces -y por tratarse de un país vivillo- se pasa de mambo.
Algunas estadísticas oficiales brindan prueba fehaciente de que el proceder contradictorio es, nomás, una rama de la ciencia política. Como por encanto, el kirchnerismo logró profundizar la brecha entre los argentinos sumidos en pobreza grave y los argentinos que la pasan requetebién, con bolsillos robustos y con planes de que la nena conozca Disneyworld.
Según el Indec, más del 45 por ciento de los trabajadores asalariados no gana cuanto les haría falta para mantenerse a prudencial distancia del ominoso bloque menesteroso.
Según Peribáñez, la estrechez económica induce el comportamiento voluble: "Fieramente acogotados, unos cuantos gobiernos provinciales han debido ajustarse los cinturones para que sus comedores escolares sigan funcionando, puesto que les resulta imposible subsidiar almuerzos? ¡a razón de dos pesos por alumno! Las contradicciones tienen eso: entre patéticas y ridículas, y acaso por ciegas y sordas, son renuentes a los reclamos de la solidaridad social".
Con todo, algunas contradicciones gubernamentales no cuentan con auspicio popular; un fenómeno extrañísimo. "Veamos -enumera Peribáñez-: nadie cree que la inflación sea sólo imaginaria, una presunción de erráticas amas de casa. E inspira sonrisa burlona la suposición de que suman mayoría los kirchneristas que se jugarían el pellejo en defensa de la libertad de prensa. Y acaso sea motivo de chacota la idea que comparten unos cuantos ministros en el sentido de que aquí nadie coimea a nadie ni se deja coimear. Y, en fin, nadie cree que ese triste asunto de la inseguridad sea apenas una sensación, una patraña del inconsciente colectivo? Caramba, las contradicciones son difíciles de tragar, pero todavía peor es que, a veces, en política, actúan como laxante."

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