Después de las notas realizadas a la familia residente en Giachino y Florencio Sánchez, la que el 30 de julio pasado sufriera un grave accidente cuando Mario Coria, de 86 años, quedó aplastado por parte del techo de su vivienda y se denunciara que el problema surgió durante las tareas de pavimentación de ambas arterias, el problema sigue agravándose con la afectación a otros vecinos.
Mostrando las mismas consecuencias, quizás menos graves por el momento que el de la familia lindera -ya que la anciana pareja debió evacuar su casa y continúa sin vivienda y sin ayuda para solucionar el grave problema- los vecinos de Giachino 1127 temen por el continuo deslizamiento de la vivienda de la esquina hacia su propiedad y mostró también las consecuencias en la estructura edilicia de su casa por el movimiento de suelos.
La posibilidad de derrumbe de la propiedad de los Coria se hizo más evidente en los últimos días cuando el movimiento de las paredes ‘clausuró’ el portón de los vecinos, quienes temen por la integridad de sus pequeños, de muy corta edad, a quienes ya se les ha prohibido la salida al patio, ante el temor de que pudieran quedar aplastados ante una eventual caída de paredes.
Si bien desde Defensa Civil se acudió ante el llamado de los vecinos, la única solución ofrecida es concretar un apuntalamiento de paredes de la vivienda más afectada y que ya ha perdido parte de su estructura, señalándose que la solución final debe llegar de parte del municipio a través de Obras y Servicios Públicos.
Con un temor que aumenta ante la posibilidad de colapso total de la ‘casa amarilla’ y el peligro sobre la integridad física de al menos tres menores de muy corta edad y de varios adultos, con rajaduras de viviendas cada vez más pronunciadas -problemática común a otros vecinos de la misma cuadra por el movimiento de terreno- y con el anciano matrimonio compuesto por Mario Coria y Raquel Alvarado sin vivienda, hospedados como se puede en otros domicilios donde también se distribuyó su mobiliario, el problema tiende a un peligroso agravamiento que podría concluir de la peor manera, mientras se dilatan las respuestas finales.
Todos siguen esperando pero, cansados de la interminable vigilia, los propios vecinos están coordinando acciones, previendo notas con firmas para un reclamo conjunto y una eventual movilización para denunciar la situación “antes de que como sucediera con Mario, algún chico termine debajo de los escombros de una vivienda”.
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