Diego: los 50 años... que vienen

Por: Francisco Schiavo.

Medio siglo. Efímero e intenso. Impacta. Más si se trata de Diego Maradona. Son 50 años que, por momentos, deben de haberle pasado como un flash. Imperceptibles. Y, en otros ratos, largos, lánguidos y apesadumbrados. De plomo. De minutos grises y horas eternas. Sería redundante en estas líneas un sobrevuelo por una vida tan exitosa desde el costado deportivo, y con tanta controversia en... un contexto general.

Al fin, su obra quedó registrada en la memoria colectiva como el abecedario mismo. Hoy se trata de lo que vendrá. Algo que nadie puede imaginarse cuando Maradona está en el medio, más allá de algunas pautas entre líneas. Acaso otros 50 años. ¿Quién sabe?

Aunque con menos apariciones mediáticas, los vaivenes se mantienen entre sus días. Maradona está en una etapa de transición, aún sin rumbo profesional. Sólo él sabrá si ya asimiló por completo la salida del seleccionado argentino o si guarda alguna utópica ilusión de un pronto regreso. A la larga, seguramente, será su gran deseo. Hoy cerrará los ojos y lo pedirá. El indescifrable asunto será el mientras tanto...

Mientras tanto sería perfeccionarse y cosechar la experiencia que le falta como director técnico. El rodaje que tanto se le cuestionó antes, durante y hasta después del Mundial de Sudáfrica. En Napoli, por ejemplo, dicen que se desviven por tenerlo. Algo parecido se escuchó desde diferentes lugares de Europa. Y, de proponérselo, también encontrará algún lugar en la Argentina o en la propia América del Sur, bien cerca de los afectos. Sería como un máster, un doctorado, un paso más en una capacitación que jamás se detiene. Porque no todo lo cubrió con los fantásticos días como futbolista.

Mientras tanto sería revisar modos y formas. Su metodología de trabajo, sus apariciones públicas y su interacción con los colegas y las autoridades. En quiénes se ampara y se refugia para el trabajo. No los mejores amigos. Sólo los mejores. Vale intentarlo porque demostró, pese al resultado, los errores y las críticas, que pudo transmitirle sensaciones a la gente. Aunque más tarde se perdió de vista la discusión futbolística a costa de los ataques verbales, de la búsqueda casi constante de enemigos y de la obsesión por una causa que perdió de sus mismas e inoportunas palabras.

Se entiende que algunas teorías no encajan con la irreverente esencia de Maradona. Una esencia indómita que en buena parte le valió la gloria. Pero una esencia que, al fin, también le quitó muchas de las cosas que deseaba con el corazón. De acá en más, una vez más, habrá que ver cómo posiciona su inmenso imán hacia la madurez que otorgan los años. Empezó otra década. Los números redondos entregan la sensación de balance y revisión. También delimitan etapas. Cifras que hablan de crisis, objetivos, replanteos y renovación. Vale mirar hacia atrás. Mucho más hacia adelante. Que no se dude.

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