PorOsvaldo Pepe, SECRETARIO DE REDACCION DE CLARINLos Kirchner aspiran a pasar a la historia como los grandes refutadores de mitos de nuestra historia política.
Pues bien, desde el martes pasado, se hablará del “diario de los Kirchner”, en verdad, una inmensa red de medios y periodistas cautivos. Es la pretensión de adueñarse “del relato” para verse retratados allí como los campeones del progresismo y los derechos humanos, modernos gladiadores combatientes contra el capital, como no sea el que surge de sus declaraciones juradas, engordadas estando en el poder, y bendecidas por Oyarbide en tiempo récord.
Su lógica discursiva incluye una épica en contra de las corporaciones, a las que satanizan y dicen enfrentar, pero parece que sólo les molestan aquéllas cuyos productos ponen títulos, editan noticias y tienen en su staff a periodistas críticos. Les resultan amigables, en cambio, las del juego, la obra pública, la minería y las telefónicas.
La adulteración del pasado es otra de las debilidades que registra su “diario”: por eso, hasta el hartazgo, ponen en duda la actuación de medios y periodistas en la dictadura. Es cierto que hubo silencios, omisiones y miedos. Como también hubo abogados y abogadas que no presentaron un sólo hábeas corpus por los desaparecidos. O ciudadanos que, alejados del foco caliente de la represión, se dedicaban, como ya fue dicho, a la “resistencia inmobiliaria” en el sur, mediante la compra de propiedades de ciudadanos arruinados por una circular de José Alfredo Martínez de Hoz, símbolo civil de la dictadura y de la violación de los derechos humanos.
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