Un mal diagnóstico que niega el futuro

Por Jorge Oviedo

Un repaso caprichoso e inexacto del pasado y sólo un anuncio, que es un desafío y casi una declaración de guerra a los otros dos poderes del Estado, fue lo único que en materia económica dejó el discurso de Cristina Kirchner ante la Asamblea Legislativa.

Sobre el futuro no hubo una sola palabra. En el mejor de los casos, habrá que esperar que el matrimonio Kirchner gobierne como hasta ahora, sin prever el porvenir porque sólo reacciona cuando se transforma en presente. La peor sospecha sería, en cambio, que el matrimonio quema las naves insistiendo caprichosamente en un error sólo como argumento propagandístico, porque no cree que haya un futuro.

El repaso de los logros del kirchnerismo tuvo aspectos curiosos. El primero, que consolidó los datos desde 2003, lo cual favorece a la gestión de Cristina, puesto que las cifras son notablemente peores desde que ella asumió que en el período de su esposo.

Otro fue que repasara los datos de crecimiento, aumento de la recaudación y de las ventas brutas sin actualizarlos por la inflación, a la que tampoco mencionó.

La alocución fue una repetición de los discursos propagandísticos y autoelogiosos de los últimos tiempos e hizo comparaciones entre la convertibilidad y el actual esquema en las que amañó las cifras y omitió las diferencias de circunstancias. Es llamativo que los Kirchner, que fueron un soporte muy importante de la primera presidencia de Menem y de la convertibilidad, ahora dediquen tanto tiempo a explicar cuán malos fueron.

El repaso negó también por completo las fenomenales circunstancias internacionales que permitieron a casi todos los países comparables con la Argentina tener crecimiento y superávit fiscal y atribuyó esos resultados a los méritos de ella y su esposo.

También, por ejemplo, se alegró del crecimiento de los recursos tributarios, que en 2009 fue inferior a la inflación incluso aunque incluya la apropiación de los ahorros acumulados en las AFJP y de los aportes de quienes habían optado por la capitalización.

Algunas comparaciones con otros países fueron también antojadizas e injustas y podrían ser consideradas ofensivas por los respectivos gobiernos. No es claro tampoco por qué razón utilizó el Gran Rosario y las estadísticas santafecinas para mostrar el progreso de ese aglomerado urbano como producto de su supuestamente exitosa política económica.

El Indec está muy desacreditado gracias a las políticas kirchneristas, pero si la Presidenta quiere defender lo que allí se hace, no se entiende por qué recurre a otras fuentes, en lo que parece una actitud culpógena.

Por otro lado, no pudo elegir un aglomerado urbano más representativo del auge de la soja que ella pareció despreciar llamando "yuyo". El aumento de la rentabilidad de ese cultivo por la mejora de los precios internacionales desde 2002, la industria aceitera y los puertos de esa región han sido el puntal de la recuperación. Lo extraño es que lo apunte como un logro quien proponía "desojizar". En lugar de alegrarse del progreso del campo, trató a los productores de trigo de evasores impositivos.

Otras afirmaciones parecieron contradictorias. Primero dijo que se estaban aplicando medidas de protección de la producción local. Y agregó, en tono descalificatorio, que también lo hacen otros países poniéndoles otros nombres que son aceptados por la OMC. Pero también negó que se haga proteccionismo. Su administración decidió entregar subsidios a quienes, en algunos casos, importan un artículo y lo llaman de industria local sólo porque lo colocan en una caja, dentro de una bolsita y con un folleto hechos aquí.

Fue notable que defendiera el Fondo del Bicentenario acusando a los legisladores de obstruccionistas y poco menos que conspiradores y a los jueces de entrometerse sin derecho en tareas del Poder Ejecutivo. Pero más extraño fue comprobar que esas mismas palabras figuran en los considerandos de los decretos con que se maquilló el fondo, lo rebautizó y pretende burlar a la Justicia y al Congreso.

Parece carecer de sentido que tales medidas adoptadas, en este caso sí, con procedimientos conspirativos, sean presentadas como un modo de ganar la confianza de los prestamistas internacionales.

Hay dos clases de deudores de los que conviene huir: los que no pagan y los que dicen que harán cualquier cosa con tal de pagar. Los Kirchner, que siguen falsificando el CER, eligieron ser al mismo tiempo las dos versiones del peligro.

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