El déficit habitacional,un problema que amenazacon generar serios incidentes

Es raro el día en que no se registran incidentes motivados por la presencia de piquetes protestando por la falta de viviendas.
Con presencia mayoritaria de mujeres y gran cantidad de niños, ruidosos grupos hacen escuchar sus voces –singularmente alteradas por momentos-, ya sea denunciando irregularidades en el IPV tales como “acomodos” en las asignaciones, perdida de documentación perteneciente a aspirantes a una vivienda, exigencia de coimas para ser inscriptos por izquierda, intervención de “influyentes”, punteros y demás personajes de una fauna heterogénea que militaría en una franja corrupta supuestamente de vinculada al IPV.

Muchas de las personas que participan de estos piquetes no están inscriptas y es probable que –desde el punto de vista de las exigencias existentes en la actualidad-, no podrán inscribirse nunca. Carecen de toda posibilidad de cumplir con los requisitos. Pero exigen una vivienda y la quieren “ya mismo”. Dan la pauta del alto nivel de ignorancia que campea en estas personas que consideran que otorgar una vivienda debe ser algo parecido a recibir una frazada o un bolsón de alimentos.

Denuncian con frecuencia, haberse “anotado” en el IPV hace seis, ocho o diez años sin haber obtenido “su” casa y –quejosamente-, señalan que a otras personas les fue adjudicada una vivienda en menos de seis meses y cosas por el estilo.

Es evidente que el sistema carece de credibilidad. No emite información fácilmente digerible para la gente, especialmente la de bajos recursos y tal vez escasa instrucción que se ve apremiada por los fríos reinantes, cargados de hijos y viviendo en casuchas o taperas incalificables.

Es ante estos episodios con participación de la policía preservando el orden cuando nuestra mente “viaja” a otros lugares donde decenas de miles de personas carecen de techo ya sea porque han sido víctimas de un desastre o porque se trata de refugiados políticos.

A través de la información televisiva puede advertirse que en algunos casos se trata de campamentos dotados de carpas prolijamente ordenadas en los cuales se cuenta con servicios sanitarios y atención médica. Los habitantes de estos campamentos reciben alimentos ya elaborados o productos susceptibles de ser cocidos en cocinas compartidas. Pese a su precariedad los cobertizos brindan protección contra las inclemencias del tiempo y ya sea mediante el accionar del gobierno o de organizaciones solidarias esa gente recibe asistencia médica y alimentaria.

Para que se entienda sugerimos al lector un ejercicio de imaginación según el cual un sismo voltea cien, doscientas o trescientas casas dejando a miles de personas a la intemperie, motivo por el cual se recurre a las Fuerzas Armadas que proveen carpas y cocinas de campaña. En pocas horas toda esa gente ha recibido ayuda y se halla protegida y asistida. El accionar del gobierno ha sido rápido, correcto y eficaz.

Esa es la tarea que hace falta en estos días con los desposeídos que padecen penurias en los alrededores de la ciudad capital y en localidades del interior provincial.

No es posible mirar para otro lado cuando miles de nuestros hermanos lo están pasando muy mal, con hambre y con frío, sin asistencia de ninguna naturaleza, prácticamente a la intemperie. Porque poca es la protección que pueden brindar unos cartones y el plástico negro sostenidos por unos palos. Todo vuela por los aires al primer golpe de viento.

Ante un problema que no tiene miras de solucionarse pero que aumenta a diario se hace necesario adoptar medidas excepcionales: “A grandes males, grandes remedios” sostiene el refrán. Es obvio que los más capacitados para intervenir eficazmente en este problema son las Fuerzas Armadas. Cuentan los elementos adecuados, están organizados y no padecen los males de la burocracia.

Pero hay un “pero”: para conseguir ayuda de las FF.AA. hay que hablar con la Ministra de Defensas, Sra. Nilda Garré. Un funcionario de nivel tendrá que juntar coraje para pedir ayuda ante un organismo ideológicamente opuesto al gobierno catamarqueño. Todo el mundo sabe que la relación del gobernador Brizuela del Moral con el poder central no es de las mejores. Pero miles de hermanos en emergencia justifican dejar de lado algún gesto de soberbia y como diría un chusco: agachar el lomo y darle para adelante y con humildad pedir ayuda.

Se escucharán voces señalando que se trata de un remiendo, de un simple parche. Que con carpas puestas en fila no se soluciona el problema habitacional de Catamarca. Probablemente sea cierto. Pero ¿Vamos a esperar a que liciten “viviendas sociales”? ¿Los desposeídos podrán “pasar el invierno” en las condiciones actuales? La salud de esa gente –especialmente los niños-, se van a convertir en otro gran problema congestionando los hospitales y dispensarios, por no citar sino una parte de la cuestión.

Se impone la adopción de una decisión política que enaltecerá a quien la tome, mostrando que la indiferencia no tiene lugar en las altas esferas del gobierno. Un gesto infrecuente pero posible que pondría fin a un cuadro que se agrava minuto a minuto y que apunta a un futuro impredeciblemente grave.

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