Aunque el Censo 2010 indica que hubo un alza del 28% en la ejecución de obras de carácter social, falta ayuda para unos 60.000 hogares. El emprendimiento Lomas de Tafí no satisface la demanda de techo. Tucumán, una de las más beneficiadas por la Nación.
A Valeria Andrada le bombeó fuerte el corazón cuando encontró debajo de la puerta la primera boleta de pago de su casa, en Lomas de Tafí. "Ver impreso tu nombre, como propietario (el del marido, en este caso) es fuerte", se sincera la flamante vecina de "Lomas", como ya le llama la gente al megaemprendimiento en el que ya se han habilitado 3.000 de las 5.000 casas proyectadas en esa ciudad en desarrollo.
La boleta del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) indica que en octubre Valeria y su marido deberán pagar la primera de las 266 cuotas de $ 522 por su casa de tres dormitorios (dos de 2.70 x 2.70 y uno de 2.80 x 2.80), cocina y un baño, en un terreno de 11 x 30, a los que deberán sumarle los $ 3.000 para el piso y la construcción de parte de la tapia. "Por suerte la hacemos a medias con el vecino, de modo que sólo gastaremos $ 1.600 por familia", aclara la mujer, demostrando que en "Lomas", con sus más y sus menos, ya hay espíritu de comunidad,
Lo cierto es que el emprendimiento Lomas de Tafí ha venido a mitigar, pero no a resolver, la falta del techo propio, en una provincia en la que hace 10 años (Censo 2001) se informaba un déficit de 140.000 viviendas. En 2011, el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) exhibe 60.000 obras de perfil social, entre viviendas (20.000) y soluciones habitacionales (40.000). La matemática fría diría que si se han ejecutado 60.000 viviendas y soluciones, quedarían 80.000 familias esperando el techo propio. Pero el interventor del IPV, Gustavo Durán, afirma que el gobierno no conoce todavía cuál es el déficit que ha arrojado el Censo 2010, cuyos resultados, afirma, aun no le han sido entregados de forma oficial.
El funcionario, que sostiene que no es función del Estado subsidiar a la clase media y alta en materia de vivienda, señala que cuando se habla de déficit habitacional se incluyen dos aspectos, uno cualitativo y otro cuantitativo. "No puedo saber en cuánto hemos bajado el déficit, pero mi experiencia me dice que hemos influido en disminuir el déficit cualitativo. En Tucumán, en ocho años se ha hecho en vivienda lo que no se había hecho en medio siglo", afirma.
No alcanza
De todos modos, el Censo 2010 indica que en Tucumán hay 335.821 viviendas: 94.829 más que en 2001, lo que arroja un crecimiento del 28%; pero la muestra también desnuda que cuatro de cada 100 hogares tucumanos no tienen ni baño ni letrina (son 16.527). Cierto que, si se compara con el censo 2001, ese dato se achica (entonces, el 26% de las viviendas no tenían ni inodoro ni retrete). Siempre según el Censo, la familia promedio tucumana tiene 3,5 hijos: siguiendo esa línea, 57.845 tucumanos apenas sobreviven en esas condiciones. En síntesis, por lo menos 58.000 personas necesitan del auxilio del Estado para salir del pozo. Casi literalmente. A ello habrá que sumarle los hogares que necesitan mejoras y que, según un estudio del Ieral (Fundación Mediterránea) son más de 100.000.
En el informe "Problemas habitacionales e inversión en viviendas sociales en Argentina", en el cuadro del Indice de Calidad global de vivienda por provincia, el Ieral indica que Tucumán registra 269.942 viviendas "aceptables", 121.516 "recuperables" y 17.200 irrecuperables (ese dato coincide con el del Censo 2010). El Estado también está en mora con la provisión de gas, El censo 2010 indica que sólo el 40% de los hogares acceden al gas por red. El 53% más pobre de la población se ve obligado a comprar gas envasado. El resto cocina a leña o a carbón.
Reparto discrecional
El documento del Ieral ya mencionado cuestiona la "discrecionalidad" con la que el Ministerio de Infraestructura y Obras Públicas de la Nación ha distribuido los fondos federales entre todas las provincias. Tucumán aparece entre las más beneficiadas, después de la provincia de Buenos Aires.
Desde el IPV, Durán reconoce ese privilegio, y señala que entre 2003 y 2011 se han invertido aproximadamente $ 3.000 millones en el sector, entre fondos nacionales y provinciales ($ 2.200 de Nación, más un 30% aportado por la Provincia). "La Nación nos ha dado un apoyo incondicional; por supuesto que queda mucho por hacer. En materia de vivienda social, es difícil satisfacer la demanda en un 100%", señala.
Sin embargo, distintos urbanistas destacan que no habrá solución de fondo al problema de la vivienda social hasta que no se resuelva el tema del mercado de la tierra. Esto es, la tierra como un commoditie en alza, que genera tensión entre el negocio inmobiliario privado y el Estado como articulador de la demanda social.
La clase media
¿Y la clase media? Si al Estado le cabe paliar la situación habitacional de los sectores más postergados, a los sectores medios también se les complica el acceso a la casa propia (y a la alquilada, porque los precios se han disparado).
El talón de Aquiles para los sectores medios es la falta de crédito: con tasas de interés de dos dígitos, apenas el 2,5 % de las operaciones de adquisición de viviendas del interior se concretan por medio de crédito, afirma José Gordillo, presidente de la Federación Inmobiliaria de la República Argentina. En Buenos Aires, en cambio, ese porcentaje trepa al 5% o al 6%.
La clase media, afirma el empresario inmobiliario, no puede acceder hoy al crédito hipotecario, con tasas que superan los dos dígitos. Dice que hoy, en Tucumán, para acceder a un crédito hipotecario, se necesitan por lo menos $ 15.000 por grupo familiar. Lejos están los tiempos en los que el 20% de la población cumplía el sueño de la casa propia gracias al crédito que le otorgaba el Banco Hipotecario, ahora semiprivatizado.
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