Para los ciudadanos comunes es dificultoso analizar, desde fuera de ellos, a los sistemas sociales en los que estamos contenidos. Por ejemplo es complejo para una madre analizar cómo funciona la escuela sin relacionarlo rápidamente con su propia experiencia y la de sus hijos dentro de la institución.
Sin embargo el sistema judicial está compuesto por personas, con las mismas debilidades y fortalezas que otros seres humanos. Ocupan ese lugar porque recibieron una capacitación sobre las leyes que todos los argentinos (de manera consciente o inconsciente) aceptamos para vivir en paz. La validez de las decisiones de la Justicia es evidentemente que se ajustan a esa normativa y no se dejan llevar por las emociones que podrían embargarlos ante una situación de injusticia.
Si un tribunal escucha como una pareja tortura y viola a un niño hasta darle la muerte y se deja llevar por sus emociones tal vez desee la institución de la pena de muerte. Por eso es necesario que se atengan a la ley que juzga estos hechos aberrantes.
En la última semana se conoció una sentencia de la Cámara de Todos los Fueros de Cutral Co. Se relacionaba con la muerte de Lucrecia Salinas, una joven neuquina, madre de dos niños, que trabajaba de cajera y que fue hallada semienterrada en un descampado cercano a El Chocón. Un juez de la Cámara consideró que las pruebas eran suficientes para dictar una pena de 20 años a su ex marido y los otros dos consideraron que debía ser absuelto.
Con estupor, quienes nada teníamos que ver con el caso vimos la diferencia abismal que hay entre una sentencia y la otra. Las 120 fojas que fueron necesarias para explicar la decisión dividida hicieron reflexionar sobre lo que se denomina en la Justicia como “íntima convicción”. Es la seguridad que tiene el juez, pareciera entenderse, sobre cómo ocurrieron los hechos. Es el relato de una situación reconstruida a través de las pruebas. Si las cosas pasaron así o no solamente lo saben los protagonistas, pero en la mayoría de los casos penales intentan que ello no se conozca.
Obtener una “íntima convicción” debería ser díficil. La decisión tendría que ser objetiva, pero como saben todos los periodistas, no existe la objetividad. Entonces los conocimientos, los valores y los prejuicios de la persona ahora transformada en juez también pesan a la hora de juzgar un delito. Si con la aplicación de las mismas leyes un juez puede decidir que corresponden 20 años y otros dos la absolución ¿quiere decir que la “intima convicción” es lo que más pesa a la hora de una sentencia? La pregunta en todo caso es inquietante porque la respuesta podría inferir que estamos en manos de los valores y, peor aún, de los prejuicios de estos seres humanos llamados jueces.
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