Detrás de Depardieu, una trama propia de la Guerra Fría

La oposición denunció que el presidente Putin le dio el pasaporte al actor para distraer a la opinión pública de un escándalo

Por Luisa Corradini |

PARÍS.- El actor francés Gérard Depardieu se prestó, sin saberlo, a una de las historias más sórdidas de la represión política en Rusia: una cortina de humo organizada por el presidente Vladimir Putin para ocultar el escándalo provocado por la llamada "lista Magnitski", que comienza a ser utilizado por la oposición para denunciar el autoritarismo del régimen.

Como en las viejas historias de la Guerra Fría, donde la gesticulación era usada para esconder la realidad, la adopción de Depardieu por Vladimir Putin al son de las balalaikas y luces de reflectores, sirvió, entre otras cosas, para distraer a la opinión pública de la controvertida ley que prohíbe a los ciudadanos norteamericanos adoptar huérfanos rusos. Como sucede cada vez con más frecuencia en la Rusia de Putin, esa ley fue utilizada como un medio de represalia contra Occidente y, en particular, contra Estados Unidos.

Promulgada el 28 de diciembre por Putin y vigente desde el 1° de enero, ese texto proscribe las adopciones hacia Estados Unidos, establece una lista de norteamericanos "indeseables", prohíbe a los rusos titulares de un doble pasaporte dirigir una ONG y limita las ayudas norteamericanas a la sociedad civil.

Digna de la Guerra Fría, la nueva ley es la respuesta del presidente ruso a la ya famosa "lista Magnitski". Esta otra norma, aprobada recientemente por el Congreso de Estados Unidos y promulgada por Barack Obama, prohíbe la entrada al país y congela los haberes de unos 60 funcionarios rusos implicados en la muerte en prisión de Serguei Magnitski en 2009. Tras haber denunciado un grave caso de corrupción, ese joven abogado de 40 años fue puesto en detención provisoria en condiciones infrahumanas y finalmente asesinado a golpes.

En esa pulseada de titanes entre Washington y Moscú, Depardieu terminó siendo el pato de la boda. Para los representantes de la oposición, dar la ciudadanía a Depardieu fue un excelente golpe publicitario de uso interno. "Pero de nada servirá: en este momento lo que afecta la imagen de nuestro país es la ley que prohíbe la adopción de los chicos rusos por los norteamericanos", afirmó el periodista Alexei Venediktov.

Pero la "farsa Depardieu", como la llaman los diplomáticos franceses, también se produce en un contexto tenso de las relaciones entre Rusia y Francia. Los temas de divergencia son múltiples, entre ellos, el apoyo de Moscú al régimen sirio. El Kremlin también está particularmente molesto con la investigación antimonopolio que la Unión Europea (UE) lanzó contra el gigante energético ruso Gazprom.

En medio de esta absurda tragicomedia, Depardieu ayer no se presentó ante la justicia francesa, donde está acusado de conducir en estado de ebriedad y podría ser condenado a cuatro años de prisión.

Una broma comenzó a circular en el gobierno francés: "Tal vez podríamos dar un pasaporte francés a las Pussy Riots", la banda femenina condenada en Rusia..

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