La víctima tenía 74 años y fue hallada maniatada y muerta en el comedor de su casa, donde vivía sola.
La casa estaba revuelta, por lo que la hipótesis más firme que maneja la Policía es que la asaltaron. Quizá Nilda Díaz murió del susto. O quizá deshidratada. A simple vista, los policías que entraron a la vivienda no hallaron signos de violencia externa.
“Los indicios hacen suponer que es un robo domiciliario. Se vio desorden en una habitación. Estaba atada a la silla, donde la inmovilizaron. En principio suponemos que, al no haber signos de violencia exterior, pudo haber fallecido por el susto”, repitió ayer el fiscal de la causa, Víctor Chiapero. Sobre esa pista, ayer a la tarde una persona de 21 años que “no pudo sostener su coartada” fue demorada. Al cierre de esta edición, la Policía esperaba que fuera imputada por ser el presunto autor del homicidio. Mientras, efectivos de Homicidios buscaban a otro mayor.
Hallazgo. El yerno de la mujer fue quien la encontró. Pasó por la casa antes de ir a trabajar: hacía días que no tenían noticias de ella. Cuando llegó, la puerta no estaba violentada. En el comedor se encontraba el cuerpo atado con sogas y cables, sentado en una silla: “Estaba atada a una silla. La casa estaba desordenada, pero la puerta principal estaba sin llave y sin forzar”, dijo el comisario Fernando Velázquez en la escena del crimen.
Un asesinato en el barrio. Nilda Díaz vivía en una casa típica de barrio Crisol, a metros de Bajada Pucará. Sus vecinos y familiares no sabían de ella desde hacía 48 horas. Su yerno, antes de ir a trabajar, pasó a verla. La encontró muerta en el comedor, atada con cables y sogas.
Comentá la nota