El sitio se encuentra sobre avenida San Martín, debajo del puente construido a fines del siglo XIX. Dañaron los exhibidores que reseñaban la actividad del ferrocarril .
Teresa, vecina de las inmediaciones, dijo que "era una cosa bellísima; no entiendo la maldad de la gente". En tanto, la pareja conformada por Franco, de Las Heras, y Romina, de Maipú, informados sobre el alcance del lugar se preguntaron lo que todos piensan: "¿Cómo se hace para evitar esto?".
Franco Galeone, también residente en las cercanías, apuntó al carácter didáctico del espacio y su valor para los niños y jóvenes. Al lado del puente, está el negocio de carteles Manna, cuyos integrantes están acostumbrados a embellecer y difundir mensajes comerciales en la vía pública. "Por nuestras prestaciones, dijo uno de los empleados, Rodrigo Gimeno, nos agrada el lugar, pero no así como está. Deberíamos cuidarlo entre todos".
En 2007, la administración municipal, en armonía con la intención de recrear atractivos turísticos y paseos, puso en valor la estructura ferroviaria, con las características de la arquitectura industrial inglesa de mediados y fines del siglo XIX. Se reconstruyeron los cordones existentes, se revistieron las cunetas y en la calzada se colocaron guardas transversales de adoquín intertrabado.
Teniendo en cuenta que el lugar es un punto de arribo de muchas personas para abordar las líneas de colectivos que pasan por ahí, se ubicaron bancos y papeleros a cualquier embate.
Las paredes del espacio recibieron ocho vidrieras o vitrinas, donde fue transcripta la explicación de la intervención, que condujeron los arquitectos Marcelo Nardechia y Diego Kotlik, y que también brindaba datos sobre la historia del ferrocarril y el devenir del departamento.
El conjunto, entonces, era agradable y conformaba un escenario para pasar un rato ameno, informándose o simplemente esperando el colectivo que llevaría al observador a su destino.
En tiempos más recientes, y con la circulación del Metrotranvía, se añadió la posibilidad de que algún viajero pudiera descender en el parador que enfrenta la calle Pedro Anzorena y luego continuar la travesía, tras tomar nota de la literatura que mostraban los exhibidores.
De noche, y por medio de una acertada iluminación, se aumentaba el encanto del antiguo puente ferroviario.
Inclusive, en 2009 y en el marco de uno de los festivales de cine organizados por Godoy Cruz, gestores culturales realizaron un espectáculo audiovisual que aprovechó muy bien las esbeltas formas del puente de hierro.
Pero, con el paso del tiempo, comenzaron los ataques contra el equipamiento más vulnerable, las vitrinas ilustrativas, similares a los dioramas que conforman el Museo Popular Callejero de la calle Las Heras, o a las imágenes que recuerdan a Film Andes, en el carril Cervantes, antes de llegar al puente Olive.
"De un momento a otro comenzaron las agresiones", confesó Diego Kotlik, director de Planificación Urbana del municipio. "En muchas ocasiones -añadió- remplazamos los vidrios y arreglamos otros daños, pero últimamente el ataque fue tan severo y sistemático que hemos resuelto esperar y tratar de adoptar una solución definitiva".
La opción que tendría la comuna para intentar preservar los exhibidores y su mensaje, es hacer una gigantografía, ploteada sobre chapa y elevarla de manera que no la alcancen las pedradas y otras necedades.
El arquitecto Kotlik sostuvo que una solución definitiva sería colocar láminas antivandálicas, de alta resistencia, que sorportarían la violencia de ciertos antisociales. Sin embargo, este recurso sería muy oneroso e imposible de ser solventado con el presupuesto municipal.
Por eso, se procederá a elevar en un solo bloque los mensajes que antes estaban a la altura de los ojos del transeúnte. De esa manera recuperar, aunque sea en parte, el encanto de un rincón departamental.
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