La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destacó la labor del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la conservación de los recursos genéticos de la Argentina y por su aporte al mundo en lo que hace a la reserva de alimentos para el futuro.
Desafío
“Proteger la agrobiodiversidad mediante la conservación de sus componentes constituye un desafío por el beneficio que confiere a la humanidad”, dijo Beatriz Rosso, referente del Banco del INTA Pergamino –Buenos Aires– y coordinadora del proyecto Conservación ex situ y valoración de las colecciones de germoplasma de la Red de Recursos Genéticos, en el marco del Área Estratégica Recursos genéticos, mejoramiento y biotecnología del Inta.
Los recursos genéticos se conservan porque el riesgo de perderlos es permanente, en especial por la acción del hombre. Con distintos métodos, explicó Rosso, las muestras se guarda de manera indefinida para que estén a disposición de las generaciones futuras: “En esta red se conserva la base genética de los cultivos fundamentales en la mesa de los argentinos y en la producción agropecuaria”.
La red conserva ex situ especies cultivadas y sus congéneres silvestres, las caracteriza y evalúa morfológica, genética, agronómica, bioquímica y molecularmente, las documenta a fin de que se encuentren disponibles tanto para la investigación y el mejoramiento, como para reintroducirlas en sitios donde han desaparecido. “Los recursos fitogenéticos son una fuente invaluable de apoyo a las acciones relacionadas con el desarrollo sostenible de las actividades agropecuarias, forestales e industriales”, indicó la especialista. Las semillas de las colecciones activas se conservan en cámaras frías con temperaturas entre 0º C y 12º C, mientras que los niveles de humedad en la semilla se encuentran entre el 5 y 8 por ciento. Se utilizan preferentemente bolsas trilaminadas de aluminio, termoselladas herméticamente, junto a otros envases –frascos, botellas y cajas de vidrio–. A su vez, las colecciones base se conservan del mismo modo pero con un contenido de humedad entre 4 y 6 por ciento, con temperatura de -20º C. En el caso de frutales, cultivos industriales y algunas especies forestales y forrajeras, la conservación se realiza en el campo. Para secar las semillas y conservarlas la metodología más segura es colocarlas en un ambiente seco y permitir que la humedad se equilibre a temperaturas relativamente bajas.
Se efectúa la desecación entre 15º C y 20º C con una humedad relativa del aire de secado entre el 15 y 20 por ciento. La velocidad con que la semilla alcanzará el equilibrio dependerá de la especie, la humedad inicial, el tamaño de la semilla y condiciones ambientales. Para esto se utilizan cámaras de secado dehumidificadas mediante el uso de un desecante y, para semillas pequeñas, se utilizan desecadores con sílica gel. Para Rosso, “cada banco es responsable por colecciones características de una zona agroecológica”. Y ejemplificó: “En Alto Valle –Río Negro– se trabaja con frutales de pepita; en la zona de Cuyo con especies hortícolas; en Catamarca, con frutos secos, entre otros”.
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