En los fundamentos de la condena a la mujer, se resaltó que él, la víctima, debe ser protegido por el Estado ya que actuó de manera ejemplar.
En el fallo, el Tribunal aseveró que él merecía “protección por parte del Estado, ya que actuó en la ocasión, conforme al modelo de respuesta que nuestra sociedad espera de él, respetando la condición sexual de su agresora, de apenas un 1,57 metro de estatura, sin buscar utilizar en su favor, su superioridad física como modelo de dominación masculina, optando por las vías legales correspondientes”.
Se trata del caso que La Voz del Interior dio a conocer en octubre último, cuando la mujer fue condenada tras declararse culpable en un juicio abreviado que tuvo como fiscal a Hugo Almirón.
Al conocerse los fundamentos del fallo, la Cámara 8ª destacó “la capacidad delictiva evidenciada por la acusada”, además de puntualizar que según la pericia psiquiátrica, ella “se caracteriza por la tendencia a ejercer dominio de la situación y de la persona con quien establece un vínculo, de manera especial en sus relaciones de pareja”.
A favor de ella, al momento de cuantificar la pena, el Tribunal tuvo en cuenta las “carencias afectivas” de la acusada: “Ha tenido que residir en varias ocasiones en inmuebles donde habitualmente ejercía la prostitución; también tengo en cuenta su falencia educativa y la carencia de afectos que revelan la pericia psicológica y los propios dichos de la acusada quien refirió que no recibe visitas en la cárcel”.
Según la causa, entre enero y marzo de 2010, la mujer (todos los datos de los involucrados se reservan al tratarse de un caso de violencia doméstica), obsesionada con reanudar la relación sentimental que la unió alguna vez con el hombre, comenzó a hostigarlo, introduciéndose en la vivienda de este, en barrio Villa Urquiza, e incluso amenazándolo con hacerle daño. En varias oportunidades ella lo atacó con un cuchillo, lo ató y hasta lo quemó rociándolo antes con alcohol.
El hombre, lejos reaccionar con más agresiones, la denunció en distintas comisarías, hasta que fue detenida.
En el juicio se confesó culpable de los delitos de “amenazas calificadas, violación de domicilio reiterada, daño y amenazas calificadas”.
Entre otras pruebas, se secuestró un video que ella había grabado y en el que dirigiéndose a la cámara hacía referencia a una suerte de mensaje póstumo tras la muerte de ambos, algo que por fortuna no ocurrió.
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