El día después

El regreso del gobernador abre una serie de incógnitas sobre cómo manejará la provincia. Los problemas de siempre vuelven porque faltan las transformaciones
Anda por ahí. Errante, a veces. Hay ocasiones en que se parece a Mickey Rourke. Obviamente, el de "9 semanas y media", no. Gumersindo Parajón se asemeja a "El luchador". Ya tiene varias derrotas en su haber, pero sigue tirando tortazos, algunos ficticios y otros, no. Pero nadie puede negar que, como animal político que e,s sabe enredar la madeja.

Hace 11 días el sitio de noticias eldiario24.com sacudió el entramado al publicar parte del listado de ciudadanos que "trabajaron" como agentes de reunión en el batallón 601 del Ejército durante el gobierno militar. La noticia fue un sacudón. La madeja, que forma la sociedad tucumana, encontró un nudo más o vio la posibilidad de desenredar una parte más. Esta disyuntiva, de por sí, ya es un problema porque obliga a más de uno a desempolvar historias. Y eso implica revisar posiciones y actitudes del presente y para el futuro. Y, al parecer, por las reacciones -y por el entramado de la madeja- la sociedad no está preparada para poner en tela de juicio a amigos, compañeros de trabajo o, simplemente, a personas que ve a diario.

El Mickey Rourke de Tucson se avivó y -cual es su costumbre política- le pegó una manteada a los principales poderes del Estado. Con la lista del Batallón 601 en la mano se fue hasta la Corte Suprema de Justicia y le pidió que investigue si el camarista Jesús Pellegri es el mismo que el que figura en la lista.

Este Rourke le pegó un mandoble al presidente de la Corte, Antonio Estofán, al obligarlo a pronunciarse sobre un tema que ya tuvo a mal traer al superior tribunal cuando el alperovichismo maltrató al vocal René Goane por haber tenido un cargo público durante el gobierno militar.

La Legislatura provincial hizo el peor de sus papelones de obediencia debida cuando le dieron el cargo de vocal de Corte a Francisco Sassi Colombres, quien 48 horas después se vio obligado a rechazarlo. Después, se convirtió en titular de la Caja Popular, ya sin voces disonantes. La madeja que envuelve la historia tiene un entramado muy complejo.

Parajón ya anunció que, no importa lo que le responda la Corte, va a pedir un juicio político. Es decir va a obligar a pronunciarse también a la Legislatura. La picardía política de "El luchador" va a poner en juego a ambos poderes en un tema que hubieran preferido no debatir para no enredar más la madeja.

La vida, esa encrucijada

La vida, con sus sinuosidades, pone a prueba a los seres humanos. Si lo sabrá el gobernador...

Su ambición por el poder lo hizo tirar a la basura sus convicciones radicales y convertirlas al peronismo.

Luego, con el bastón de mando en su puño resignó muchas de sus convicciones liberales para dejar que embeban sus poros las convicciones kirchneristas. Así gobernó y se convirtió en el político récord de Tucson.

En el horizonte político de José Alperovich se abrían dos senderos que se bifurcaban. Uno iba a la Nación y el otro se quedaba en la provincia. Cuando él menos lo esperaba, la salud -una variable que ni manejan ni tienen en cuenta los poderosos- hizo frenar su alocada carrera por el poder. Y, detrás de él, muchos tuvieron que volantear para no chocar y para enderezar su rumbo.

¿Quién vuelve de Buenos Aires? ¿Cuál Alperovich? ¿El ambicioso e imparable político que siempre quiere más? ¿El hombre que ha decidido serenar el estrés político?

A Alperovich le va a costar volver a ser el mismo que partió inesperadamente para ser operado en la Capital Federal.

El escenario que dejó difiere del que encontrará, especialmente en el orden nacional, donde los tres poderes juegan al "piedra papel, tijera" y sólo se dan un tranco cuando el árbitro del juego es Carlos Menem.

En la provincia, la gran mayoría de los dirigentes políticos sólo piensa en los comicios de 2011. Algunos calculan si les alcanzan las fuerzas para armar un partido y acoplarse al súperalperovichismo. Otros, muchos, les rezan a los santos de la Corte para que puedan ser elegidos por tercera vez consecutiva. Lo llamativo es que los unos y los otros no están concentrados en un presente de violento e inseguro disenso, que exige a los dirigentes que tomen las riendas pacificadoras y no que fomenten esas diferencias.

Alperovich ha construido un castillo sobre la base de sus fuerzas y de su individualidad. Hoy surgen dudas acerca de si continuará con ese sistema o si se verá obligado a cambiar. Su sueño de integrar una fórmula nacional aparentemente es sólo eso: un desvarío onírico.

Si desea seguir en la provincia, deberá someterse a la consideración de los jueces de la Corte Suprema de Justicia. Y, después, tendrá que afrontar nada menos que seis procesos electorales: las internas de autoridades del Partido Justicialista provincial y nacional; las internas para elegir candidatos en el PJ; las internas abiertas nacionales; las eleciones a gobernador y los comicios a presidente y diputados.

Juega con algunas ventajas porque hasta ahora la oposición fue penosa, pero también la ciudadanía está empezando a ver que su exagerada obsecuencia K no le ha dado más réditos que a otras provincias menos aduladoras del matrimonio presidencial.

El mandatario ha delegado muy pocas cosas durante los días que se ausentó. Su regreso lo obligará a meter las narices en cuestiones complicadas para su propia gestión. Uno de los nudos más complicados es el dictado de los cursos de endodoncia que dejan muy mal parado al ministro Pablo Yedlin y a su alter ego Juan Manzur, que es nada menos que el vicegobernador. Cuentan que los datos que va engrosando el sumario en el Tribunal de Cuentas podría demostrar que los cursos de endodoncia dejaron caries sin tapar.

Las falencias en seguridad no pueden seguir justificándose con la frase: "en Buenos Aires la situación está peor".

El gobernador que se fue no quería problemas. Ni le importaba que hasta su promesa de no tener vendedores ambulantes en las calles quedara trunca aunque una sentencia judicial se lo prohibiera. Esas son concesiones que Alperovich ha ido dando a los concejales, quienes se han convertido en el motor del municipio Capital. Domingo Amaya no maneja las riendas como antes. Todo pasa por el Concejo Deliberante que maneja el gobernador.

Por eso, aunque no le guste al intendente, el viaje en taxi se encarecerá y habrá que ver si prosperan algunas iniciativas. Una de ellas es el decreto del intendente que dispone que no circulen más ómnibus por la avenida Mate de Luna.

Amaya, según las encuestas oficiales, es uno de los hombres con más popularidad tanto para ser un compañero de fórmula de la re-re alperovichista como para intentar una aventura en soledad. Eso, al Alperovich que se fue no le gustaba. Vaya a saber qué dice el que regresa tras el sacudón que le causó su propia salud.

La cámara indiscreta

El intendente tampoco puede disimular las cosas que pasan en su administración. La difusión del video de agentes municipales empujando un auto para luego ponerle el cepo fue una bomba cuyas esquirlas sólo hicieron daño en el cuerpo municipal.

Los agentes no debieron haber realizado esa maniobra porque se los impide el reglamento al que están sujeto. La vecina que dice haber pedido a los agentes que muevan el vehículo demostró tener más poder que el propio intendente, ya que movilizó a directores y gremialistas hasta su domicili,o y trató de aclarar lo sucedido. Mientras esto ocurría, Amaya evitó el contacto público. Y, tal vez, lo más triste es la conclusión del interventor de Tránsito Carlos Catillo, quien reconoció sus dificultades para revertir la mala imagen del área a su cargo.

Las grietas que aparecen tanto en la administración municipal como en la provincial no deberían sorprender al ciudadano común: son las de siempre.

Como si no hubiera pasado el tiempo, Tucumán puede ser Tucson porque sus problemas estructurales no soportan los sismos. Al igual que la sociedad que no podrá por mucho tiempo evitar que le sigan doliendo las muelas del juicio a que las somete la historia.

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