El día después de la helada

Muy cerca de Monterrico Eleodoro Alarcón y Ramón Cabana arrendaron 15 hectáreas para sembrar hortalizas, sin imaginar que una histórica sucesión de heladas dejaría a los pequeños productores con las manos vacías y con la sola esperanza de que algunas verduras que se salvaron del frío, se recuperen a tiempo para poder rescatar algo del dinero invertido.
En un recorrido por “la finca de Alfaro” ubicada a unos cinco kilómetros de Monterrico, donde los dos socios decidieron apostar a la agricultura, los estragos producidos por las heladas se hicieron patente. En mayo y junio habían sembrado distintas variedades de arvejas, acelgas, habas, lechugas crespas, repolladas, choclos y tomates. Casi todas ellas con pérdidas de más del 50 por ciento y otras con daños totales.

Arvejas, acá las perdidas fueron totales.

Sus voces se quebraron cuando hablamos de las pérdidas “con ayuda del agua, humedeciendo la tierra, sólo queda por recoger menos de la mitad de la producción total”.

Caminamos por los sembradíos, entre surcos y pequeños canales de agua, llegamos a la plantación de arvejas, “aquí perdimos todo, 100 por ciento de la producción tirada”, dijeron. Extrajimos algunas vainas de las cuales sacamos sólo dos o tres arvejas pequeñas que quedaban ahí, después de haber sido cocinadas por el frío. Con pena dijeron que se ocuparon para ello una hectárea y media.

En la plantación de acelga la situación fue muy parecida. Dos hectáreas sembradas y la mitad de la producción perdida. Entre hojas amarillas, marrones y verdes, sólo resta esperar que el agua recupere lo que sobrevivió a la helada.

En la plantación trabajaban seis familias que ahora se encuentran sin trabajo y con la zozobra de no poder hacer frente a las necesidades mínimas y urgentes.

En Jujuy, la horticultura ocupa una gran cantidad de mano de obra. Algunos sostienen que la masa de trabajadores es superior a la ocupada por el cultivo de tabaco. La diferencia radica en la informalidad en la que se realiza.

Sólo unas pocas hojas de acelga se sobrevivieron al frío.

Un panorama desolador presentaba la plantación de choclos. “Aquí perdimos el cien por ciento. Ni para los chanchos”, dijeron. A lo lejos, una tropilla de caballos comía lo que quedaba de una hectárea y media que prometía una buena cosecha. Igual suerte corrieron las chauchas, sólo se podían observar plantines secos y amarillentos a lo largo de tres hectáreas. Ahí también la pérdida fue total.

En una hectárea y media que había sido destinada al cultivo del tomate, encontramos sólo algunas plantas que todavía arraigaban sobre ellas dos o tres frutos quemados por el frío. 100 por ciento de producción perdida.

“Hace unos días vino un comprador de la provincia de Santiago del Estero, pero sólo pudimos responderle que nos agarró la helada y que por esta vez no va a poder ser”, dijeron consternados. Nadie, ni del gobierno provincial ni de institución alguna, se acercaron a preguntar si necesitaban ayuda o cuánto habían perdido por las heladas, al menos para la estadística. Fuimos los primeros en acercarnos a indagar sobre lo que hacían o producían.

Las miradas de los productores era el fiel reflejo de sus campos. La curiosidad periodística por saber cómo había azotado la helada a los pequeños productores nos dejó algo más que información. Sólo resonaba en mis oídos una frase pronunciada frente a los campos devastados. Ojalá alguien nos ayude.

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