Despedida pública de Bachelet, entre el humor y la nostalgia

Despedida pública de Bachelet, entre el humor y la nostalgia
Se presentó en un popular programa de TV, con funcionarios, políticos, su hija menor y su mamá.
Martes por la noche, faltaban unas 36 horas para que esa mujer baja, rubia y de anteojos pequeños deje de ser la presidenta de Chile. Sentada casi de costado y en el borde de un sillón lacre de utilería, sus manos descansaban sobre su falda, en un gesto característico. Otro de sus gestos clásicos es una semisonrisa, que quedaría instalada en el rostro de Michelle Bachelet durante una hora y media, el tiempo exacto de la entrevista televisiva con la que la mandataria decidió despedirse públicamente de los chilenos.

Había bastante público en el estudio. Ahí nomás, en primera fila, todos los miembros de su gabinete, varios políticos de la Concertación y también su madre, Angela Jeria, y la hija menor de la presidenta. Más atrás y más arriba, militantes que durante todos estos años acompañaron su gestión. "No me va a costar: nunca me marearon las alturas", dijo Bachelet a Don Francisco, el mito viviente de la TV chilena, el hombre que condujo el Teletón del viernes que consiguió que los chilenos juntaran miles de dólares para los damnificados por el terremoto. Fue en respuesta a la pregunta acerca de si podrá acostumbrarse a estar en el llano, a lo que agregó que lo que más le gustaría es volver a cosas cotidianas como "ir al supermercado, al cine o encontrarme con amigas y amigos".

Fue una noche de respuestas políticas e íntimas. "Estuvimos donde hay que estar", contradijo a los que cuestionan la demora en la llegada de ayuda a las víctimas del sismo y la falta de coordinación, aunque reconoció que el país debe desarrollar un sistema de comunicaciones menos vulnerable. Negó rotundamente desconfiar de los militares: "Es absurdo, siempre me sentí parte de la familia militar", fue la respuesta de la hija de un general de la Fuerza Aérea muerto a causa de heridas provocadas por torturas durante el gobierno de Pinochet. Bachelet tuvo palabras para el dolor de los compatriotas "que lo han perdido todo" y el dolor compartido de ver "ese Chile que no nos gusta", el de los saqueos "que nada tienen que ver con la sobrevivencia sino con el lucro, con el dolor de la gente".

Durante el programa se repasó la gestión de Bachelet y pudieron verse varios clips, algunos de estos días de duelo y pérdida, con la presidenta consolando a hombres y mujeres en medio de la tierra devastada, otros de los malos momentos políticos, como la revuelta estudiantil o la furia ciudadana por la implementación del Transantiago y varios muy divertidos, con ella bailando en diferentes ocasiones o marchando al frente de tropas al mejor estilo militar.

Se la vio también en contexto internacional, participando de diversas cumbres o saludando al gobernador de California, Arnold "Terminator" Schwarzenegger con un simpático "Hasta la vista".

Pícara, aunque por momentos algo melancólica, Bachelet contó varias anécdotas, con una retórica amable y entretenida. Hizo chistes: "¿Sabe cuándo un general pasó a retiro? Cuando se sube a la parte de atrás de un auto y el auto no arranca...". Recordó también su experiencia personal y anticipatoria del terremoto, cuando un rato antes de la catástrofe le pidió a su hija mayor que no cerrara la puerta de su cuarto con llave, "por si viene un temblor". Y aunque dijo que no tenía nada para confesar en el rubro, no descartó la posibilidad de volver a formar una pareja: "yo nunca me jubilo", sonrió.

Hubo momentos para el recuerdo, como cuando contaba de su pasión por los Beatles o se mostraban imágenes de ella con su padre, en la playa, o cantando a coro "Río Manzanares" con su hermano, también fallecido, y también espacio para hablar de su nieto, la gran apuesta al futuro. La abuela de Damián, de un año, sueña con dedicarle de ahora en más "un tiempo importante".

La mujer que hoy deja el Palacio de La Moneda con un 84% de popularidad dijo que está dispuesta a hacer todo por la patria. "El país somos nosotros, la gente. A mí, lo que más me importa es la gente". Dijo también que quiere que recuerden su gobierno no como el de la primera presidenta mujer de Chile sino "como una apuesta fuerte por un país más justo, solidario y humano".

Había comenzado a despedirse.

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