“Tenemos un plan de salud bueno, pero lamentablemente, el sistema todavía no dio en la tecla para llegar con efectividad a las comunidades aborígenes”, sentenció el párroco de Embarcación, Fernando Páez.
Los hechos demuestran que la provisión de leche que realiza el Ministerio de Salud y el complemento alimentario que se brinda a través de los diferentes planes sociales no es suficiente para evitar que la enfermedad del hambre continúe atentando contra la vida de los niños aborígenes, que es el sector más castigado.
La muerte por desnutrición de Melba Bisón, una niña de la etnia wichi de casi dos años en el pueblo de Coronel Juan Solá en Rivadavia Banda Norte, ocurrida el 3 del corriente, es un ejemplo más que elocuente de las falencias del sistema.
En aquella oportunidad, Páez atribuyó este fenómeno “a un problema de gestión”, al señalar que “no podemos pretender que los aborígenes se adapten al sistema de salud, sino que tiene que ser al revés”. Pero a las consideraciones del sacerdote ahora se suman otros factores que no son menores al momento de analizar esta problemática.
El Tribuno efectuó un relevamiento en las comunidades aborígenes más castigadas que abarcó desde el pueblo de Padre Lozano, en el departamento San Martín, hasta Capitán Pagés, en Rivadavia Banda Norte, en el límite con la provincia de Formosa.
En ese trayecto de más de 250 kilómetros se pudo determinar que el problema no solo es lo que sostiene el cura de Embarcación, sino la falta de personal, de movilidad, de comunicaciones y la pésima calidad del agua.
Misión Chaqueña
En la comunidad aborigen Misión Chaqueña, con más de 1.500 habitantes, se contabilizan alrededor de 20 niños con problemas de desnutrición.
La tarea en el puesto sanitario se multiplica entre dos enfermeros y dos agentes sanitarios que en forma permanente deben evaluar a los niños para detectar problemas nutricionales. Son ellos los que reparten la leche para los enfermos, los que controlan peso y talla y los que inyectan los complejos vitamínicos de magnesio, cobre y sulfato.También deben realizan el control de las embarazadas y detectar las muchas patologías que afectan a la comunidad, como diarrea, eventualmente dengue y otras.
El médico que envía el hospital de Embarcación llega una vez a la semana y prioriza la atención de los desnutridos y los casos más graves.
La situación para los habitantes también se complica por la falta de una ambulancia para el traslado del paciente ante cualquier emergencia. “A nosotros nos habían donado una ambulancia, pero un día se la llevaron para un service y nunca más la trajeron”, se quejó el delegado municipal Balducho Villafuerte. El funcionario calificó de terrible la carencia del agua debido a que el único pozo no da abasto para proveer a la población y que la situación se agrava en esta época por la falta de lluvias. “La calidad del agua es mala y eso está enfermando a nuestros niños y pone en riesgo la vida de los afectados por la desnutrición”, aseguró Villafuerte. Dijo que “desde el municipio hacemos todo lo que está a nuestro alcance, pero los problemas de fondo no son de nuestra competencia”.
Misión Carboncito
La situación no es menos crítica a cinco kilómetros de allí, en la misión Carboncito, con una población de 600 habitantes. Los últimos datos dan cuenta que allí hay 18 niños con déficit alimentario leve y 4 moderados, los que están bajo el control de un enfermero y de un agente sanitario.
“Aquí el centro de salud tiene que hacer maravillas para atender a la gente y desde este punto de vista nos sentimos en situación de abandono, porque dos personas no alcanzan para atender nuestras necesidades”, expresó Faustino Rodríguez, presidente de la comisión vecinal. En cuanto a la presencia de médicos, Rodríguez dejó entrever que en Carboncito se hace realidad la expresión española referida a los profesionales de la salud. “Están un rato, atienden a unos cuantos y se van en seguida, mientras el resto se queda mirando”, graficó. Es decir, la clásica visita de médico se cumple a rajatabla en esta comunidad.
La ambulancia de Los Blancos está varada hace dos años
En el recorrido de más de 250 kilómetros por los puestos sanitarios y centros de salud, El Tribuno solo pudo contactarse con un sólo médico, pero le aplicaron la “ley mordaza” luego de ser alertado por sus superiores de nuestra presencia en la zona. Fue en el pueblo de Los Blancos. “Me van a tener que disculpar, pero no estoy autorizado a dar ninguna información”, dijo Sergio Cardozo en la puerta del centro de salud donde trabaja hace 14 años, junto a otro colega.
En esta jurisdicción de 3.000 habitantes, la mitad de ellos aborígenes, hay tres agentes sanitarios.
Las fuentes consultadas dijeron que hay entre 20 y 25 chicos con problemas de desnutrición. El centro de salud tiene una ambulancia que está varada hace dos años y por esta situación los vecinos están indignados. “Para nosotros esto es una burla, ya nos hemos cansado de reclamar, pero no tenemos respuesta de las autoridades sanitarias", expresó Nelba Cristina Abeldaño.
Elvecio Quiroga, Estela Ferreyra y Antolín Soraire se pronunciaron en idénticos términos y anunciaron que están preparando un marcha para exigir la pronta reparación del vehículo. “Cuando se produce alguna urgencia tenemos que andar rogando a los particulares para que trasladen a los enfermos, porque la ambulancia del hospital de Coronel Juan Solá siempre está ocupada”, se quejaron. Los vecinos dijeron que se sienten discriminados y por eso exigen una pronta respuesta a este reclamo.
La población de Capitán Pagé, en el límite con la provincia de Formosa, es la más abandonada en materia de salud. El puesto sanitario cuenta con una enfermera y una agente sanitario para atender a un conglomerado humano de más 600 personas, 40% aborígenes. Los agentes de la salud tienen contabilizados 29 niños con déficit nutricional leve y cinco moderado. El médico de Los Blancos llega una vez al mes y como ocurre en los otros lugares no se abasto para atender a tantos enfermos. Según la enfermera Lucía Torres, todos los chicos están controlados y reciben la leche y otros nutrientes. “A muchos les cuesta salir adelante y creo que es por descuido de los padres”, opinó. Torres sostuvo que “a todos se les provee leche y reciben los bolsones de los distintos programas; para mí el problema no es que les falte alimento”. Sin embargo, Gelasio Emilio Ibáñez, cacique de la misión Kayip, negó que todas la familias reciban ayuda alimentaria y atribuyó el flagelo de la desnutrición a una falla del sistema de salud. “Aquí tenemos una enfermera y una agente sanitario; es insuficiente para atender a tanta gente enferma", señaló. Ibáñez aseguró que hace dos meses que el médico de Los Blancos no aparece por el puesto sanitario debido a que no tiene en qué trasladarse. “Los chicos con problemas de nutrición necesitan atención permanente del médico. Eso aquí no se está cumpliendo y después quieren echarle la culpa a los padres cuando alguno se muere”, expresó.
Las carencias son muy profundas en Rivadavia
Idéntica es la situación en Pluma de Pato, el primer pueblo del municipio de Rivadavia Banda Norte que cuenta con 879 habitantes, con un 70% de aborígenes. La tarea más sacrificada la realizan dos agentes sanitarios que deben recorrer 45 kilómetros hasta la costa del río Bermejo (al sur) y 40 km hasta el paraje El Palmar (al norte) para asistir y detectar a enfermos con diferentes patologías, entre ellos a los chicos con problemas de desnutrición.
El puesto sanitario de Pluma de Pato cuenta con dos enfermeros quienes deben multiplicar su labor para dar respuesta a los requerimientos de salud. Dos veces a la semana llega al lugar un médico del hospital de Coronel Juan Solá, pero para los pobladores esto no es suficiente ya que muchos se quedan sin ser atendidos.
“Se da prioridad a los chicos desnutridos, a las embarazadas, a personas mayores y el tiempo no alcanza para atender a todos”, expresó un vecino. “Urge la necesidad de un médico en forma permanente”, dijo.
El servicio tampoco cuenta con ambulancia y en la mayoría de los casos los enfermos de los parajes alojados son sacados en vehículos particulares.
El cacique Porfirio Amado se quejó por la demora en habilitar el puesto sanitario construido en la misión. “La obra está terminada, pero no designa al personal”, señaló.
Con un radio de operación de más de 10 mil kilómetros cuadrados, una población de más de 12 mil almas y temperaturas superiores a los 40§C, el hospital cabecera de Coronel Solá tampoco se da abasto para la atención. La muerte por desnutrición de Melba Bisón desnudó las falencias del sistema como ocurrió en 2011, cuando otros cinco niños perdieron la vida por idéntica causa en esta localidad.
Los 96 chicos afectados por la enfermedad del hambre en esta área grafican una realidad incontrastable.
“El mayor déficit que tenemos es de personal y pese al esfuerzo que hacemos muchas veces no podemos llegar a tiempo para asistir a los enfermos”, expresó a El Tribuno el gerente del hospital, Carlos Alberto Villarreal, un reconocido médico sanitarista con 26 años de actividad ininterrumpida en la zona.
El servicio de salud cuenta con seis médicos, dos bioquímicos, una nutricionista. Y una sola ambulancia para el traslado de enfermos no solo de Coronel Solá, sino de los pueblos de Pluma de Pato, Los Blancos y Capitán Pagés y de los diversos parajes, algunos distantes a 80 kilómetros y que, en periodo de lluvias, son intransitables.
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