Es por efecto de la mano del hombre, de acuerdo con una investigación de María Verónica Chilla (29), del Iadiza, que publicó la BBC Nature.
Esto pudo corroborarse una vez más con el aporte de la investigadora María Verónica Chillo, quien vive en Mendoza y se desempeña en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (Iadiza). La joven de 29 años, neuquina de nacimiento, encabezó una exhaustiva investigación referida a cómo afecta la incidencia del hombre y sus acciones en los ecosistemas desérticos de Mendoza y de todo el mundo.
"Analicé el rol de los mamíferos en el ecosistema y cómo se ven afectados por el hombre. Surgió como una inquietud que estudié que se daba en Mendoza y opté por recabar y recopilar información de los desiertos más importantes del mundo y la verdad que en todos se da la misma problemática."
"Cuando la actividad humana afecta por completo el ecosistema, disminuye la diversidad de la fauna que contribuye justamente a mejorar el proceso de los ecosistemas, es decir, se potencia la desertificación y lleva a la pérdida de la productividad, haciendo que desaparezcan algunas especies. En pocas palabras, se termina por hacer el desierto más desierto", destacó la joven investigadora, quien aclaró que las zonas más afectadas en Mendoza son General Alvear, Ñacuñán (Santa Rosa) y Lavalle.
Los resultados fueron difundidos en la revista científica BBC Nature, del Reino Unido, y en su web.
Cadena interrumpida
Lo que despertó el interés de Chillo por estudiar e interiorizarse por la situación en los desiertos más importantes del país fue el tomar conciencia de lo que sucede en el territorio provincial.
"Tomamos a todo Mendoza, menos la zona andina, teniendo en cuenta que la provincia es un desierto en su totalidad. Los casos más significativos de Mendoza son los que se dan en General Alvear y en Lavalle. En Alvear, por ejemplo, hay regiones con muchos algarrobos y el hombre tala y quema hectáreas completas con tal de poder asentar el ganado en el lugar, y al modificar por completo el ecosistema, la casa, algunas especies pierden su lugar y hasta desaparecen", destacó Chillo.
El sobrepastoreo también es una problemática en algunos puntos de los tres departamentos mencionados. Es que el ser humano, casi sin notarlo ni tener en cuenta el daño que causa, se dedica a la cría indiscriminada de ganado -teniendo en cuenta la proporción con los recursos- y las vacas no encuentran el pasto suficiente para alimentarse. Entonces llegado el momento del rebrote del pasto, este proceso es interrumpido permanentemente para que el ganado vuelva a alimentarse y nunca llega a completarse el ciclo.
"En Lavalle, por ejemplo, también se da esta situación teniendo en cuenta que las condiciones del desierto no son las mismas que en Alvear u otros puntos, ya que es un desierto más frágil y hay sobreexposición de ganado, principalmente para la producción de guano. Mientras más perturbás a un sistema frágil, le das menos posibilidad de recuperarse", destacó la joven.
Siguiendo el balance del estudio de Chillo, que ya tiene difusión a nivel internacional, lo mismo que ocurre en los secanos y desiertos de Mendoza se vive en el desierto de Arizona (Estados Unidos), en el de Simpson (Australia) y en el de Kalahari (África).
"Cualquier actividad humana va a generar disturbios, por lo que el hombre tiene que apuntar a ser menos dañino, a afectar lo menos posible. Lo importante de este estudio son las características del daño propiamente dicho que las del desierto en sí. Hay que tener en cuenta que estos cambios dan una pérdida al rol original de los mamíferos y las especies que habitan ese ecosistema", contó la investigadora, que está haciendo el doctorado en Biología en la provincia y trabaja en el Conicet.
Posibles soluciones
Para Chillo, ya que la problemática radica en la incidencia de lo que hace el hombre en el desierto, una de las soluciones sería no superpoblar el ganado sino que limitarlo a la extensión del campo.
"En disturbios moderados o leves, los resultados no son alarmantes en lo que se refiere a las consecuencias para las especies que allí habitan. Si los ganados son pequeños, se pueden mantener. Las buenas prácticas ganaderas, sin sobrepastoreo, se transforman en un sistema sustentable. Sería una especie de ganadería consciente, responsable en la que se cumplan a la perfección los tiempos de recuperación del campo. Esa es una buena alternativa para el desierto de Mendoza", continuó.
Del mismo modo resaltó que se necesitan incentivos para la población en lugar de castigos y que sólo así esta situación logrará regularse. "Ejemplos de alternativas para solucionar el sobrepastoreo podrían ser, por ejemplo, subsidios para que los productores y puesteros puedan alambrar y sectorizar los campos y así, una vez que se haya consumido todo lo que había en una zona, pasar al ganado a otra y dejar el anterior inutilizable hasta tanto se cumpla el rebrote completo. También podrían darse subsidios destinados a suplementos alimentarios para las vacas", sentenció.
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