‘Desde el Servicio Local intentamos el seguimiento como un lugar de compañía no como un lugar de control’

La coordinadora del Servicio Local de Protección y Promoción de los derechos del niño y del adolescente estuvo en los estudios de Radio LVA en el programa ‘Una de cal, una de arena’, reflexionando sobre la violencia que se ha instalado en las familias donde padres desbordados ejercen violencia con sus hijos como una manera de descargarse o simplemente porque ellos mismos han sido criados así y piensan que ese es el modo de encaminar y corregir.
Lulli recordó que estuvo de directora de un jardín de Infantes de Medellín, Colombia, que era parte de una ONG que trabajaba con mujeres en situación o contexto de prostitución y sus hijos concurrían al jardín donde aparecía mucho el tema de la violencia. “Una vez nos animamos en un taller de padres a armar como una performance, como cuatro separadores de diferentes situaciones de violencia que eran como una especie de dramatizaciones que hacíamos las maestras jardineras a los papás y a las mamás”, señaló Lulli. Así, de este modo se representaba por ejemplo a la mamá que miraba la novela y como no quería que el nene la molestara le propinaba un golpe o aquella mamá que llegaba desbordada de un contexto muy doloroso, muy difícil de ser la proveedora económica y también se descargaba golpeando a sus hijos. También se caracterizaba a estos padres que creían que el golpe era un ejercicio correctivo y educativo porque ellos habían sido criados de esta manera.

Entonces de esta manera, los padres se veían reflejados en alguna de las situaciones y se trataba de entender para poder pensar una estrategia de intervención. “No era lo mismo para nosotras como acompañantes y facilitadoras pensar que teníamos que trabajar con una creencia correctiva o teníamos que trabajar con un desborde o con un nivel de intolerancia”, indicó.

Lulli señaló que los modos de nuestro país están buscando siempre la confrontación y el no dejarse “pasar por encima”, usando así el mal humor y palabras groseras que hacen que el interlocutor también se ponga a la defensiva.

“Yo creo que se nos han caído los hijos de los brazos, esos niños que están en un momento que necesitan protección. Los últimos años veo las estéticas de los niños que son pequeñas Barbies y pequeños Kents, desde muy chiquitos son adultos vestiditos y el trato que les damos muchas veces es de adultitos”. Y refirió que se olvida un poco el ejercicio educativo y el darles la mejor palabra dado que los estamos formando y es como que nos olvidamos que son sujetos que requieren de nuestra formación para que se vayan construyendo y se ha perdido la condición de padre y madre protectora porque el niño no es un adulto al que puedo tratar como si fuera mi amigo.

“El niño pierde la posibilidad de ser cuidado, protegido, educado, bien educado, mirado, enunciado y a todas esas palabras es a las que tenemos que volver y no es fácil porque hay nuevas configuraciones familiares, nuevas parejas con hijos anteriores y hay que construir, ensamblar, amalgamar”, expresó la coordinadora.

La psicóloga refirió que en Saladillo donde se ve mucha dificultad es en la adolescencia y en la relación con sus padres, donde los jóvenes encuentran el modo que pueden yéndose de las casas, transgrediendo la ley o exponiendo sus vidas en ejercicios de velocidad o poner el cuerpo a un extremo de vida donde no se pueden cuidar. “Yo creo que tenemos como un gran trabajo los adultos de volvernos a encontrar como adultos y adultas y anticiparnos al trabajo con los jóvenes. No puede ser que vayamos detrás de nuestros hijos, tenemos que estar lo suficientemente sólidos para estar antes y anticiparnos a lo que pueden ellos venir caminando “, dijo.

Para ir revirtiendo la situación Lulli propone que ambas partes piensen juntas las nuevas maneras de crecer y de poner el límite sin llegar al momento de la crisis porque cuando surgen los gritos, la violencia y las contestaciones ya es muy poquito lo que se puede hacer.

Con respecto al consumo de estupefacientes y de alcohol, la coordinadora siente que es un serio problema y dice dolerle que los jóvenes no se den cuenta de cuánto están perdiendo en esta necesidad de consumir. “Veo que a los chicos les cuesta cada vez más construir proyectos y posibilidades de otra cosa, de hacer de su tiempo algo. Por suerte Saladillo tiene esos grupos de chicos que recuperan las militancias, construyen un proyecto colectivo saludable, positivo”, indicó.

Para finalizar Lulli definió al Servicio Local como un lugar donde las familias se pueden acercar para poder pensar juntos. “No les damos la receta, no decimos: “Esta es la solución., haga esto señora, señor”, sino pensemos juntos, a ver qué le parece y en donde el Servicio puede ser una compañía en un momento de la vida de ustedes en que están necesitando compañía”, manifestó.

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