Desde lo alto

Durante el recorrido, el departamento se puede ver desde los cerros. Los paisajes cordilleranos son el fuerte de esta oferta.
Ubicado en el medio del valle y rodeado por montañas, Calingasta se deja ver en su totalidad desde las alturas. El cerro Alcázar, el mirador, el puente de Sorocayense, permiten visualizar grandes panorámicas del departamento durante el recorrido turístico gratuito que se puede hacer en vacaciones de invierno. A eso se suman las artesanías del lugar y el relato histórico de una docente jubilada que narra el paso de San Martín y de Sarmiento por esas tierras.

Desde Barreal, por un camino de tierra hecho en medio de las montañas, comienza el recorrido por Calingasta. Allí, donde termina la huella, está el cerro Alcázar. La formación permite llegar a su cima sin demasiado esfuerzo, caminando por una rampa en ascenso marcada por el paso de todas las personas que recorren el lugar. Al llegar arriba y mirar hacia abajo se puede ver gran parte de las montañas calingastinas con sus diversas gamas de colores que van desde el blancuzco del Alcázar hasta el negro de los cerros lejanos y la nieve en alta montaña. Más adelante, avanzando en el recorrido, Cora de Toro, una mujer de 78 años que fue docente y es historiadora, cuenta los detalles de esa formación. Dice que, según la leyenda, el cerro guarda una historia de amor. Es que la hija de un capitán español se enamoró del último cacique huarpe de la zona, Huazihul. Y como su padre no aprobaba esa relación, el cacique y la joven decidieron suicidarse tirándose desde la cima del cerro.

Muy cerca de allí están las Ruinas de Hilario. Son antiguas construcciones de adobe arruinadas por el paso del tiempo que están en el bajo, a la orilla de la ruta, y se observan en su totalidad desde la altura. Cora es la encargada de contar también que en esas construcciones se realizaba el refinamiento del oro. Y que, entre las personas que planearon su construcción se encontraba Domingo Faustino Sarmiento, que se contactó con gente que conocía las minas de Carmen de Alto y Castaño Viejo para crear el lugar. "Las personas que trabajaban allí llevaban las piedras con oro en mula desde esas minas hasta Hilario y ahí se sacaba el mineral", cuenta Cora.

El recorrido sigue en la Villa Calingasta, ahí es donde se suma la historiadora, que acompaña al contingente hasta la Capilla Nuestra Señora del Carmen. Esa iglesia fue construida alrededor de 1860 y siempre sirvió para la unión del pueblo. Además esconde entre sus paredes parte de la historia del país. Según cuenta Cora, San Martín estuvo en tierras calingastinas para armar el cruce de los Andes que sirvió para liberar a Chile y antes de emprender el viaje de vuelta a Mendoza entró a la capilla, se arrodilló y le pidió a la Virgen que lo ayudara. El espacio también le sirvió de refugió a Sarmiento, que durmió en una de sus habitaciones. La capilla siempre fue importante para el pueblo, por eso hay una escuela y un club que llevan su nombre. Y, al estar construida en la altura, su vereda sirve como escenario de los festejos que se hacen actualmente en la zona.

La otra oportunidad de ver la villa del departamento desde lo alto está en el mirador del Polideportivo Calingasta. Allí está la hostería, un espacio en forma circular, ubicado sobre un cerro que permite observar hacia todos los puntos cardinales. Se ve desde los cultivos, las montañas, los techos de las casas, las cuadrículas de los barrios, hasta la línea del horizonte.

La siguiente parada es en Tamberías, donde está el artesano Enrique Serpa, que talla piedras con el mismo sistema que utilizaban los aborígenes de la zona: la percusión y el raspado. Enrique tiene un amplio muestrario de rocas con dibujos diversos que muestra a los turistas. El hombre dice que elige las rocas del mismo modo que los aborígenes, es decir busca las piedras más oscuras y respeta sus formas. Las golpea con un pequeño punzón pero, a diferencia del tallado antiguo, él utiliza la perspectiva y las técnicas de claroscuro.

La última parada, antes del regreso a Barreal, es en el Puente de Sorocayense. Al mirar para abajo desde ese puente se puede ver el paso del río Los Patos en medio de las montañas. Y al mirar hacia arriba, se descubre una vista única: se puede observar al mismo tiempo los picos más altos de la cordillera, como el Aconcagua, el Mercedario y el Balcón de Ansilta.

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