El desafío de los nuevos legisladores: no repetir los errores de sus antecesores

La decisión de los nuevos legisladores de convocarse a sesiones extraordinarias a pocas horas de haber asumido sus cargos fue leída por ellos mismos, por funcionarios gubernamentales y algunos sectores de la sociedad como una clara demostración de que se avecina un cambio sustancial en el funcionamiento del Parlamento fueguino, en comparación con la casi parálisis que caracterizó a ese Poder del Estado durante este año.
Si bien resultaría injusto cuestionar la “contracción” al trabajo demostrada en estos primeros 5 días de gestión de los nuevos legisladores, algunas señales parecen estar indicando que este cambio puede ser solamente una especie de “maquillaje”, apuntado a intentar mejorar la alicaída imagen social que se supo ganar la Legislatura hace ya largo tiempo.

En principio resulta exagerado sostener que en menos de una semana de gestión la actual Legislatura ya equiparó la tarea desarrollada por la anterior durante 4 años. Sostener ello sería desconocer que entre diciembre de 2007 y diciembre de 2011, la anterior Legislatura sesionó, entre ordinarias, especiales y extraordinarias, en 57 oportunidades y aprobó casi un centenar de leyes. Así que para hacer una comparación cuantitativa de la tarea legislativo habrá que esperar por lo menos hasta el 17 de diciembre de 2015.

Claro que restringir la evaluación del trabajo del parlamento únicamente a una cuestión numérica parece no ser la más adecuada para calificar como buena, regular o mala la tarea legislativa, ya que se estaría obviando un aspecto sustancial a tener en cuenta, la calidad de ese trabajo, que se puede medir tanto por las leyes aprobadas como por el análisis y debate dado en torno a cada una de ellas.

Y en este punto parece que la anterior y la actual legislatura encuentran un punto de contacto, ya que tanto una como otra han aprobado leyes caminando por la cornisa de la legalidad -cuando no incumpliendo mandas constitucionales o reglamentarias-; o bien de manera tan apresurada y con tal ausencia de debate que pone en dudas la profundidad del estudio dado a esos proyectos.

De más está decir que flaco favor le haría al tan mentado “fortalecimiento institucional”, tener una Legislatura que sesione los 365 días del año pero clausurando el debate público y político que es la esencia misma del funcionamiento de los cuerpos deliberativos.

Ojalá que lo demostrado en las tres sesiones extraordinarias que protagonizaron los actuales legisladores no termine convirtiéndose en la constante de trabajo durante los próximos 4 años, ya que en ese caso se estarán repitiendo los errores del pasado.

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