Fernando GonzalezPoseedores de un ego invencible; acostumbrados a sobreponerse a los peores estados de ánimo; omnipotentes cuando la realidad los favorece. Los dirigentes políticos sólo retornan a la dimensión humana cuando la salud les recuerda su condición de mortales. Es lo que sucedió ayer con la Presidenta, quien anunció a través de su vocero que tiene un cáncer de tiroides; que va a ser operada el 4 de enero y que el vicepresidente que eligió como acompañante, Amado Boudou, asumirá la jefatura de estado durante los 20 días de convalescencia.
Convertida ya en una especialista del secreto, Cristina mantuvo el cerco de la información y no fue sólo la sociedad sino muchos de sus colaboradores los que se enteraron de la inesperada noticia cuando la hizo pública Alfredo Scoccimarro al leer el comunicado en la Casa Rosada. Vale rescatar la claridad del anuncio porque eso es lo que baja la carga de dramatismo de una dolencia que es preocupante pero que es una de las formas más benignas de la enfermedad más temida de estos tiempos. El carcinoma papilar es curable; se informó que no hay metástasis y la intervención que afrontará la Presidenta tiene una evolución muy buena en la mayoría de los casos.
Casi como si fuera un desafío regional, el cáncer se ensañó con el presidente brasileño, Lula Da Silva, sucedido por Dilma Rouseff que también viene de superar la misma enfermedad años antes de la campaña electoral que la llevaría a gobernar al gigante sudamericano. En Venezuela, Hugo Chávez sobrelleva con mucha entereza varias sesiones de quimioterapia por un cáncer abdominal y el paraguayo Fernando Lugo viene de recuperarse de un cáncer linfático en 2010. Una dolencia de los presidentes en los que el estrés del cargo máximo de las democracias tiene una influencia determinante.
Más allá de estos antecedentes, Cristina empieza su segunda gestión presidencial con una prueba diferente a los muchos frentes abiertos de índole política y económica que ya tiene la Presidenta en un 2012 con inflación, tarifas más altas, presión gremial y un superavit fiscal con tendencia a la baja. Ese escenario es el que va a recibir Boudou en una experiencia inimaginable para él y para muchos habitantes del poder hasta hace pocos meses. Hoy serán los mercados, esa abstracción desprovista de sentimientos compuesta por agentes financieros, empresarios y economistas que definen el destino de las acciones, los bonos y demás inversiones, quienes le tomarán examen a estos cambios obligados que alumbrará el mes de enero.
De todos modos, el Gobierno tendrá a favor la consideración de sus adversarios mientras dure la recuperación de la Presidenta. Sería extraño que Hugo Moyano o el Grupo Clarín profundicen sus diferencias con el kirchnerismo en estos días donde los partes médicos serán más importantes que los fallos judiciales o las declaraciones rimbombantes. Para Cristina, será el tiempo de alejarse un poco de estas preocupaciones. Ahora debe concentrarse en su tratamiento; en sobrellevar la intervención quirúrgica con serenidad y en aprovechar el descanso del posoperatorio para recuperarse y volver con la energía necesaria para reasumir sus funciones. Tendrá seguramente el apoyo de todo un país que acaba de reelegirla.






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