El desafío de construir una economía próspera

La fiesta del Bicentanarioes propicia para reflexionar también sobre la economía argentina, advirtiendo que a mediados del siglo pasado, éramos líder económico de Latinoamérica.
Al repasar simplificando las etapas históricas de la economía argentina, puede decirse que antes de 1880 la principal actividad económica consistía en la producción y exportación de carne vacuna salada. Las luchas económicas internas estaban originadas en quien controlaba la aduana y el puerto de Buenos Aires por donde pasaba la mayor parte del comercio exterior.

Agroexportación

Entre 1880 y 1930, vino la etapa caracterizada como agro-exportadora, período en el cual a la exportación de carne se añaden los granos y la lana.

La mayor parte de los productos industriales son importados, aunque surgen algunas industrias livianas con escasa tecnología, sobre todo en áreas como frigoríficos, alimentos, bebidas, materiales para la construcción, jabón, tabaco y textiles.

Fuerza estatal

Entre 1930 y 1975, con variantes, la política económica se orienta hacia un modelo de sustitución de importaciones, el Estado cobra mayor injerencia en la economía, se privilegia el fortalecimiento del mercado interno recurriendo a elevadas barreras arancelarias y se multiplican las empresas del Estado.

El aumento del poder adquisitivo del salario por la forzada industrialización, impulsaba una mayor demanda de insumos importados para la industria, lo que traía aparejada con el tiempo una crisis, alta inflación y suba del tipo de cambio lo que deterioraba el salario real, luego se alcanzaba un nuevo equilibrio y una nueva etapa de expansión.

Se inicia el declive

A partir de 1976 y hasta 1983 se transitó por un período de marcado atraso cambiario lo que facilitó las importaciones, se afectó la estructura productiva y no se logró dominar el proceso inflacionario.

Programas ineficaces

Entre 1983 y 1990 el Estado acumuló fuertes déficits fiscales y, pese a la implementación de varios programas antiinflacionarios, no pudo evitarse entrar en un período hiper-infacionario.

Una “verde” pesadilla

Entre 1991 y 2001 rigió el esquema de convertibilidad que fijaba la cotización entre la moneda argentina y el dólar norteamericano.

El hecho de no haber logrado ganancias de productividad con un gasto público creciente, restó credibilidad al modelo y a comienzos del año 2002 se abandonó el esquema produciéndose una fuerte devaluación de la moneda argentina, se rompieron contratos al convertirse coactivamente aquellos nominados en dólares a pesos, los depositantes no pudieron retirar sus ahorros de los bancos y se produjo una descapitalización del sistema financiero.

Pronóstico reservado

A partir del 2003 hasta la fecha, se reinstaló un proceso de sustitución de importaciones, con marcada injerencia del Estado en la economía, privilegiando el consumo mediante una política fiscal y monetaria muy expansivas. La inversión, si bien se ha recuperado, no se orientó hacia los sectores de infraestructura, lo que es un obstáculo para un robusto proceso de crecimiento.

La tasa de inflación es una de las más elevadas del mundo, se ha incrementado la pobreza y la vulnerabilidad social, lo que se refleja en los diversos planes asistenciales que otorga el Gobierno para mitigar la falta de empleo.

Esperanzas futuras

En momentos de efectuar un balance de 200 años, puede añorarse la época en la que Argentina se ubicaba entre los países más desarrollados del mundo. Pero antes de que sobrevenga el sentimiento de frustración debe abrigarse la esperanza de que prime la sensatez en los diseños de política económica, que deberían estar orientados a multiplicar la prosperidad económica.

Este es el único camino para abatir la pobreza, extirpar la indigencia de millones de argentinos y crear más y mejores empleos.

Para esto, los caminos son conocidos: Expansión de las exportaciones con ganancias genuinas de competitividad, alto nivel de inversión, para lo que se requiere un adecuado clima de negocios, horizonte de estabilidad, reglas adecuadas y confianza de los agentes económicos.

El desafío de construir una economía próspera es hoy, ¿Argentina podrá hacerlo?.

La historia juzgará.

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