El desafío de comunicar

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La palabra posee un gran poder, y debe ser utilizada adecuadamente de modo que no empañe a la Verdad.
Tenemos la capacidad de crear, tanto como de destruir, en un manojo de cuerdas vocales que, impulsadas por pensamientos, cantan al viento sus verdades en aras de ser escuchadas por algún oído ávido de escucharlas. Pero: ¿cómo nos comunicamos? ¿Es el mensaje necesario, oportuno y veraz?

Ciertamente existe un gran caudal de información disponible que nos colma de datos y de ideas que pululan en el medio, y que nos inundan e invaden constantemente. Esta información generalmente conforma las bases de muchos de los mensajes que comunicamos o que re-transmitimos, seguramente con distorsiones, o impregnados por nuestra propia impronta.

El problema no está en la información, sino en cómo la utilizamos y procesamos, y de qué modo somos capaces de desechar la información basura. Es importante el cómo la incorporamos para poder transformarla en un mensaje claro y apropiado, oportuno y sincero. Se dice que es la experiencia la que aporta la sabiduría, y que es la información la que nos da el conocimiento. Y que el conocimiento es insuficiente para una verdadera comprensión, pues resulta incompleto. En mi opinión nunca se presentan como acontecimientos aislados el uno del otro. Gran parte de la experiencia puede comprenderse gracias al conocimiento, y viceversa. De modo que existe una inevitable conjunción entre estos dos aspectos que, naturalmente, forman parte de nuestras vidas.

Vale decir entonces que resulta un desafío para el hombre el poder sacar el mayor provecho de esta conjunción entre conocimiento y experimentación. Del éxito en esta empresa depende fundamentalmente que hablemos de comunicación. Hay que atravesar un proceso para que la información se transforme en conocimiento, y para que la experiencia se convierta en sabiduría. No sucede espontáneamente. Cuando no se ha comprendido claramente la importancia de la comunicación, el mensaje puede resultar malinterpretado, e incluso puede ser rechazado.

Este es un bello cuento que habla sobre la importancia de la comunicación

Un sultán soñó que había perdido todos sus dientes. Al despertar, mandó avisar a un sabio para que interpretase tan inquietante sueño.

-¡Qué desgracia, mi Señor!- exclamó el sabio-. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

-¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Castigadle!- gritó enfurecido el monarca.

Más tarde, decidió consultar a otro sabio, al que volvió a contar lo que había soñado. Éste, después de escucharle con atención, le dijo:

-¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus pacientes. El semblante del sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que dieran cien monedas de oro al sabio.

Cuando éste salía de palacio, uno de los cortesanos se dirigió a él admirado:

-¡No es posible! La interpretación que habéis hecho del sueño es la misma que la del primer sabio. No entiendo por qué a él se le pagó con un castigo terrible y a ti con cien monedas de oro.

El segundo sabio respondió:

-Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, a menudo, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir. Pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, con toda certeza, será aceptada con agrado.

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