Expertos aseguran que puede generar fobia y malestar en la familia. Dicen que los deberes son necesarios, pero no tendrían que demandar poco más de media hora diaria.
Desde siempre, las tareas escolares han generado controversia sobre su utilidad, su oportunidad y su necesidad. Especialistas consultados por este diario coincidieron en que los deberes para el hogar son indispensables, siempre y cuando estén cuidadosamente planificados, busquen reafirmar lo aprendido en clase, estén orientados a la población estudiantil que atiende la escuela, estén anclados en la realidad y no demanden una participación excesiva de los padres.
Los niños de la primaria deberían dedicar, al menos, media hora al día a la tarea escolar. Un poco más, también, pero no demasiado.
En la Argentina hay una tradición de tareas hogareñas desde hace décadas. En Francia y en España, por el contrario, está prohibido enviar deberes a casa. Sin embargo, muchos maestros hacen caso omiso de la norma, lo cual este año generó una rebelión de padres de alumnos de escuelas francesas que exigían que se cumpliera con la ley.
En Córdoba, cada maestra decide el tipo, extensión y periodicidad de la tarea que pide a sus alumnos. Desde el Ministerio de Educación de la Provincia aseguran que no hay instructivos precisos sobre cómo planificar los deberes.
“La tarea es recomendada porque permite desarrollar la responsabilidad de los chicos, pero debe depender del contexto”, indica Soledad Díaz, asesora de la Dirección de Nivel Inicial y Primario, y coordinadora del Programa de Fortalecimiento Pedagógico en Lengua, Ciencia y Matemática. Y agrega: “Desaconsejamos aquellas tareas que terminan siendo una odisea para buscar información. Tiene que estar relacionada con los temas que se han trabajado previamente”.
Contenidos. La psicopedagoga María Magdalena Pisano asegura que las tareas tienen sentido sólo si se relacionan con los contenidos trabajados en el aula y “si promueven la adquisición de ciertos hábitos relacionados con el estudio”. En este sentido, subraya, los hábitos no se aprenden sino que se generan. “De nada sirve que los docentes den tareas que los niños no puedan realizar ya sea por su complejidad, por estar desarticuladas de los aprendizajes construidos en clases, o por no ser visadas y retomadas por los docentes”, indica Pisano.
En el mismo sentido opina la psicopedagoga María Eugenia Sfaello. “Los hábitos se adquieren por repetición de actos, dedicando todos los días un tiempo de estudio”, asegura. Las tareas –dice– deben ser planificadas, organizadas y dosificadas en forma equilibrada en la semana y en el trimestre para que los chicos dediquen todos los días el mismo tiempo de estudio. “La cantidad y calidad de la tarea aumenta a medida que el niño avanza en la escolaridad”, dice.
La cantidad de tarea no puede ser la misma entre aquellos que asisten a simple o doble escolaridad. “El tiempo ideal para la realización de tareas oscilaría entre media hora en los primeros grados hasta dos horas en la secundaria”, plantea la psicopedagoga.
Los especialistas aseguran que los deberes son antipedagógicos cuando se sobrecarga al niño y a los padres con demasiadas o complejas actividades. En ocasiones, las tareas mal planificadas alteran el clima familiar y producen roces. También pueden ocupar todo el tiempo libre. “Las tareas que causan tensiones en la familia y en el niño son aquellas que requieren de mucho tiempo de realización”, agrega Sfaello. La búsqueda en Internet suele ser trabajosa para niños pequeños.
Por el contrario, si son oportunas permiten desarrollar hábitos de estudio, de disciplina personal y de trabajo, fomentan el aprendizaje, estimulan a los niños, favorecen el éxito escolar por medio de la práctica diaria y reducen la exposición a la TV o la computadora.
Distintas estrategias. Pese a que los detractores de las tareas suelen plantear que no está comprobado que contribuyan a un mejor desempeño, diversas investigaciones confirman que la falta de apoyo en el hogar afecta el rendimiento escolar. En este sentido, los niños que provienen de familias de estratos socioeconómicos bajos, incluso con padres analfabetos, estarían en clara desventaja si los deberes requirieran siempre del aporte de su familia.
“Es importante que el docente conozca el contexto familiar y social de los alumnos al momento de pensar las tareas”, insiste Pisano. De esta manera, si la maestra envía tareas oportunas puede generar un ambiente de aprendizaje en el hogar. Es decir, que aunque los padres no colaboren, el niño puede enseñar a la familia lo que él está aprendiendo.
Las tareas pueden tener distintos formatos: actividades lúdicas que favorezcan la alfabetización, la creatividad –como crucigramas, adivinanzas, rimas, “tuti-fruti”, historietas– y el aprendizaje del cálculo a través de juegos de ingenio. “Podríamos pensar tareas en las que a través del juego, con claros objetivos de aprendizajes, el alumno pueda visualizar lo que aprendió, al tiempo que jugó”, subraya Pisano.
Los padres deben tener un rol activo en relación a la escuela y realizar un seguimiento diario de las tareas y las responsabilidades de los niños. Esto implica, dice Sfaello, incentivarlos a que se sienten a hacer la tarea, revisar a diario el cuaderno de comunicados, y la mochila, de vez en cuando.
Los niños que no presentan dificultades de aprendizaje, retrasos madurativos o déficit atencional deberían ser capaces de hacer la tarea solos, asegura Sfaello, aunque siempre con la supervisión de alguno de los padres.
Cómo deben ser
Trabajo personal. Actividades que puedan realizarse en forma autónoma. Para ello es necesario que el maestro haya brindado consejos técnicos y oportunidades de práctica dentro del aula.
Cortas. No deben ser extensas y sí una práctica de lo realizado en clase.
Repaso. En los primeros grados deben ser utilizadas para afianzar la materia, no para introducir otra nueva.
Pocas horas. Según un estudio del Centro de Investigación de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), el 26 por ciento de los alumnos de sexto año del secundario dice dedicarle una hora o menos a la semana al estudio; el 40% entre una y tres horas, el 23% hasta 9 horas y el 9% dispone de 12 o más horas.
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