Todas las instancias de control fallaron. La Unión Obrera de la Construcción denunció el peligro de la obra y no fue escuchada. Sólo hay 190 inspectores para 3800 construcciones de 2010.
El derrumbe del gimnasio de Villa Urquiza que dejó tres personas muertas y once heridos y puso en el tapete de la discusión cuál es la responsabilidad del Gobierno porteño y cuál la de las empresas constructoras, algunas de las cuales, si trabajan con libre albedrío y sin controles efectivos, suelen evitar pasos de seguridad importantes por el solo hecho de ahorrar tiempo y dinero. La responsabilidad del Estado no termina en el control de las construcciones, además hay que sumarle la verificación de los ascensores y habilitaciones de lugares públicos (boliches bailables, restaurantes y estadios, entre otros). Horas después de ocurrida la tragedia en Villa Urquiza, la oposición realizó varios pedidos de informes al jefe de Gobierno, Mauricio Macri, para que dé explicaciones sobre los métodos de fiscalización de obras. El legislador porteño de Encuentro Para la Victoria Juan Cabandié justificó la preocupación del bloque asegurando que "el crecimiento interanual acumu lado por dicho sector (la construcción) entre 2002 y 2007 fue del 364 por ciento. Si bien esta tendencia se moderó desde principios de 2008, sigue siendo uno de los sectores más dinámicos de la economía porteña".
Fuentes allegadas a la Agencia Gubernamental de Control (AGC) aseguraron que el sistema de control está reformulado para "poner trabas permanentemente". "Durante la gestión de Diego Borda trabajábamos en equipos de control previsional. Salíamos a la calle para trabajar en la prevención. Ahora sólo atienden los reclamos de los vecinos, si no reciben denuncias no actúan", explicó.
Según marca el Código de Edificación porteño, no es obligatorio para la empresa constructora avisar cuando se va comenzar a construir, momento que incluye la excavación. "Lo más normal es que los arquitectos llamen avisando el día que van a comenzar a excavar, pero si no lo hacen no están incumpliendo con la ley", aseguró el vocero de la AGC, Eduardo Hulton. Algo que implica que si los constructores no avisan, sólo el azar haría que en el mismo momento que empieza la excavación llegue un inspector.
Los pedidos de autorizaciones se dividen en dos etapas: autorización de demolición y de construcción. Puede darse que estas etapas se realicen por sociedades diferentes y esto complica los controles. El sistema de regulación y fiscalización que se utiliza en la Ciudad es el mismo que se modificó en 2002. "Trabajamos para no ir detrás de la coyuntura, por eso hemos sancionado el plan urbano ambiental, para pensar y organizar la ciudad en la que queremos vivir. Nuestra intención es sancionar un nuevo código urbanístico", afirmó la presidenta de la Comisión de Planeamiento Urbano de la Legislatura porteña, Silvina Pedreira. Los datos oficiales de la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad muestran un incremento de las edificaciones. En octubre de 2009 se otorgaron 103 permisos para construir multiviviendas (edificios de departamentos), 72 por ciento más que en enero del mismo año, donde sólo se entregaron 60 permisos. En el mismo mes se adjudicaron 80 permisos para univiviendas.
Villa Urquiza es uno de los lugares preferidos para las
constructoras, ya que los valores promedio por metro cuadrado de las viviendas pasaron de 700, en 2002, a mil dólares en 2010. Algo similar sucedió con los barrios de Caballito y Palermo, en los cuales también estalló el auge inmobiliario. Esto causó la reacción de los vecinos que vieron afectada su tranquilidad y el desajuste en la línea arquitectónica de sus barrios, además de los problemas de abastecimiento de agua potable.
La AGC tiene 800 inspectores para llevar a cabo las inspecciones, 190 de los cuales están abocados a la fiscalización de las 3.800 nuevas obras que se están desarrollando en lo que va de 2010 en la ciudad de Buenos Aires. Estos fiscalizadores cuentan con poder policial que les permite clausurar una construcción que no cumple con las medidas de seguridad o que no respeta los planos aprobados.
Además de los inspectores de planta, la AGC cuenta con peritos verificadores. Éstos son "personal independiente" empleados a través de contratos de adhesión (no están en relación de dependencia), quienes no tienen poder de policía como los inspectores. Los verificadores son profesionales independientes que deben cumplir con una serie de condiciones que permiten la claridad en las inspecciones. Los períodos de control se dividen en cuatro etapas, en cada una de las cuales no puede intervenir el mismo verificador. De esta manera se evitan los arreglos económicos entre el inspeccionado y el personal de inspección. Los peritos son sorteados por el Estado para verificar un hecho puntual. Son llamados mensualmente, se les indica qué deben verificar y realizan su labor. Actúan en todos los ámbitos de inspección que son responsabilidad del Gobierno de la Ciudad. La presidenta de la Agrupación de Peritos Verificadores, Eva Rodríguez, con los que trabaja la AGC aseguró: "El Gobierno porteño redujo nuestras prestaciones porque encontramos demasiadas complicaciones en las obras, y porque apuestan al desgaste para deshacerse de nosotros". El vocero del ente de control, Hulton, explicó que "la menor demanda se debe a que hubo incorporación de nuevos inspectores", lo que agrandó la planta estable estatal. La presidenta de los verificadores denunció que en septiembre de 2008 presentaron pedidos de reunión con Mauricio Macri. "Hace poco logramos reunirnos con el director general de la AGC, Raúl Oscar Ríos, pero como sus facultades tenían limitaciones nos mandó a hablar con el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta", explicó Rodríguez, y agregó: "Tras varios llamados nos dijeron que teníamos que notificarnos por e-mail. El 4 de junio nos notificamos y no tuvimos respuesta. Volvimos a hacerlo el 8 de junio y Larreta respondió que no podía atendernos porque tenía ‘cosas más importantes'".
El problema no es sólo la insuficiencia en los controles de los emprendimientos inmobiliarios ya en marcha, también se pone en discusión las formas, que permiten habilitar empresas fantasmas. La responsable de las excavaciones que causaron el derrumbe de las dos plantas del gimnasio ubicado en Mendoza 5030, en el barrio porteño de Villa Urquiza, es Desarrolladora Mendoza SA. La empresa creada por el ingeniero Guillermo Hecaya Varela tiene como domicilio fiscal la misma dirección del terreno donde iba a construir el edificio de once pisos. No posee oficinas ni patrimonio para responder ante tal tragedia, ya que las sociedades anónimas sólo responden con el capital de la misma.
Otro ente encargado de los controles es la Dirección General de Fiscalización y Control de Obras, dirigida por José Báez. Ésta depende de la AGC, y ambas obedecen al Ministerio de Justicia y Seguridad porteño, a cargo del ministro Guillermo Montenegro. No es la primera vez que Báez y Macri trabajan juntos, ambos comparten, junto a Jorge "Fino" Palacios antecedentes laborales en Boca. Durante la presidencia de Macri en el club, Palacios y Báez ejercían funciones de seguridad. También el titular de la AGC, Raúl Ríos, fue vocal de la comisión directiva en Boca. El ex bombero de la Federal, Báez, también fue titular de agencias de seguridad privadas: GB Security SRL y FB Seguridad SRL, ambas dedicadas especializadas a catástrofes. Las denuncias que realizó la Unión Obrera de la Construcción por falta de apuntalamiento en la obra de Villa Urquiza desembocaron en tres inspecciones enviadas por la AGC, los días 28 y 31 de junio y 7 de agosto. Las tres veces que se presentaron los inspectores, la obra estaba cerrada sin personal. El Gobierno de la Ciudad envió las intimaciones correspondientes y explicó que no la clausuraron porque "las veces que fueron no encontraron a nadie en el lugar".


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