Derrumbe: A dónde conduce la punta del ovillo

Derrumbe: A dónde conduce la punta del ovillo
Legisladores intentan descubrir quien es el otro ingeniero que trabaja en la Jefatura de Gabinete. Investigarán fallas en los controles en obras en construcción.
Ocurrió en plena presen­tación en el salón Eva Perón, de la Legislatura porteña. Daniel Chaín, ministro de Planeamiento Urbano, se quedó mudo. Junto con funcio­narios de su Ministerio había ido a explicar a los legisladores cómo fue posible que una obra habilita­da hubiera provocado el acciden­te de Villa Urquiza. Los diputados le preguntaron por un hombre: el otro Heyaca, Norberto Emilio, tam­bién ingeniero (como el hasta aho­ra único supuesto responsable de la tragedia, Guillermo Heyaca Va­rela). El Heyaca de apellido simple es funcionario porteño; más preci­samente, su cargo es el de direc­tor general de Proyectos de Siste­mas de Información, de la Agencia de Sistemas de que depende del jefe de Gabinete, Ho­racio Rodríguez Larreta. Aparen­temente, Chaín no lo sabía. Pero a algunos legisladores les llamó la atención la coincidencia de ape­llidos, de repente, los Heyaca co­menzaban a aflorar.

En la Legislatura empiezan a sospechar que Heyaca Varela es un hombre protegido y lo fundamen­tan en el trato de privilegio que recibió cuando por un incumpli­miento que merecía una pena de 2 a 4 años de inhabilitación recibió una pena de seis meses, acortada a tres. Aún no se sabe si los inge­nieros son parientes, pero com­parten más cosas: ambos trabajan en la Universidad Tecnológica Na­cional. Los dos integran el consejo asesor del departamento de Cien­cias Básicas. Algunos diputados quieren ver a dónde los conduce el ovillo que comienzan a desma­dejar. "Prudencia" es la palabra que más repiten los bloques de la Coalición Cívica, de la UCR, del pe­ronismo y del so­cialismo, ya que ni siquiera es­tán termi­nadas las pericias que se llevan adelante para determinar las causas del derrumbe del edifi­cio por el que murieron tres per­sonas. Coinciden en que existe un vacío normativo respecto de la inspección en momentos previos a que una constructora pone el piso del edificio: esto es, cuando de­muele y excava. No está previsto, legalmente, que haya controles en este período.

Pero también saben que hay una responsabilidad en la Ciu­dad, que tiene el poder de poli­cía y debería ejercer más control. Ante la explosión de construccio­nes que se viene registrando des­de hace dos años, también surgen interrogantes más serios: "¿Cómo es posible semejante boom inmo­biliario, con una construcción des­medida, frente a una demanda que no acompaña?". El fantasma del lavado de dinero ronda la res­puesta al interrogante.

Pero además, los legislado­res quieren ver la relación entre el Ministerio que conduce Chaín, responsable de aprobar los pla­nos y habilitar las obras, y el de Montenegro, a car­go de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), una especie de mega­ministerio, con 120 millones de pesos de presupuesto (similar al del Mi­nisterio de Desarrollo Económico) y 2.000 empleados, cinco direc­ciones generales, 23 direccio­nes simples, y que concentra el 70 por ciento del poder de po­licía de toda la Ciudad. En este caso específico, sin embargo, el poder de la AGCse ve recortado ya que, según afirmó a este dia­rio un funcionario conocedor del tema, "si desde Planeamiento Ur­bano, o más precisamente, desde la 1Dirección General de Infraes­tructura y Catastro (Dgroc) no le pasan el expedien­te de una obra, la AGCno puede ins­peccionarla".

En buen ro­mance: la ventani­lla sigue siendo la misma, aunque el macrismo, con el argumento de la transparen­cia, haya desdoblado a la antigua agencia que se ocupaba de la ha­bilitación y del control (ver nota principal). "Los inspectores de la AGCni siquiera ven el expediente de la obra", afirma la fuente.

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