La presencia de combustible en las napas, generó un sinfín de patologías que fueron puestas de manifiesto por los mismos vecinos. Sin embargo, el Municipio mismo no pudo atribuir los casos al derrame de Repsol YPF.
Es la familia de Diana Hurtado, vecina que se convirtió en la principal movilizadora contra la contaminación, porque en su propio cuerpo sufrió sus embates. Una de sus hijas, Noelia, al día de hoy continúa luchando contra la enfermedad que habría sido originada por el derrame de combustible en la zona.
Pero ellos no fueron los únicos que padecieron problemas de tumores y enfermedades autoinmunes, sino que muchísimos niños tenían eccemas y ulceraciones en la piel, granos infecciosos de origen incierto, alergias inexplicables de gran virulencia, y aún problemas respiratorios, consecuencia de aspirar permanentemente los vahos que emanan del combustible.
Un repaso por las noticias de entonces, permiten dimensionar la magnitud de la problemática.
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