La dependencia de poderes

Por Ricardo Roa

Después que desde la Presidenta para abajo la emprendieran contra la Justicia y que a Zannini se le escapara un lamento por la designación de los nuevos miembros de la Corte, hay piedra libre para atacar al máximo tribunal.

Claudio Espinosa, el agente fiscal de Santa Cruz nombrado por Kirchner, acusó a la Corte de crear inseguridad jurídica (ver La cúpula radical fue a Santa Cruz y la recibieron con pintadas hostiles). Todo un sofisma: Espinosa le achaca al Tribunal lo que él y el gobierno están generando al negarse a acatar el fallo que ordena reincorporar a Eduardo Sosa, el procurador provincial que Kirchner echó en 1995.

Si hay algo que provoca inseguridad jurídica es que no se cumpla la ley ni se respeten los fallos. Y eso es precisamente lo que está haciendo el kirchnerismo. La sublevación llega al punto de que ayer el gobernador Peralta afirmó que jamás repondrá a Sosa y que planea denunciar a la Corte ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ya se sabe: en el mundo K los derechos humanos dan para todo.

La artimaña para no reponer a Sosa es que su sucesor, Espinosa, tiene “inmovilidad”. La artimaña para echarlo fue eliminar su cargo. Para Sosa no hubo inmovilidad pese a que la tenía. Allí arranca la historia del copamiento de la justicia provincial: con una ley impulsada por Zannini que entonces manejaba la legislatura. Por esa ley se echó a Sosa y se aumentó el número de jueces del Tribunal Superior para que tuviera mayoría kirchnerista. La ley fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema en 1998.

Años después, a Sosa le ofrecieron más de un millón de pesos para renunciar al reclamo. No lo aceptó y siguió adelante con su demanda. Hoy en Santa Cruz hay 28 jueces y de ellos 27 fueron nombrados en la era K. Qué duda hay: éste es el modelo de justicia que se quiere para la Nación.

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