La dependencia de Neuquén

En esta semana, el gobierno de Jorge Sapag conseguirá que se le apruebe lo que necesita para seguir alimentando la fantasía de la re-reelección: el endeudamiento por 330 millones de dólares, gracias al cual podrá financiar el Estado hasta el 2015, junto con la emisión periódica de Letras del Tesoro.
La oposición le facilitará el paso a Sapag porque en realidad nadie ve posible otra manera de sostener la provincia en las actuales condiciones de declinación de recursos y aumento de los gastos, provocados por la incesante inflación, que ha sido estanflación (no se crece pero se mantiene la escalada de precios) estos últimos meses en Argentina, sin que nadie osara rasgarse las vestiduras, de tan carente de imaginación y posibilidades que está la dirigencia política.

Sapag, por otra parte, parece que hace lo único que puede hacer, en el contexto que le ha tocado, en buena medida por sus propias acciones, o las de su partido, si no se quiere personalizar.

Neuquén ha regalado su gas y petróleo para ser “solidario” con el país (con el gobierno nacional, en realidad) primero; ha visto caer estrepitosamente su producción y sus reservas después; ha perdido la decisión sobre estos recursos a partir de la estatización de YPF y la nueva centralización del manejo del negocio petrolero; y ha apostado todo al renacimiento productivo energético a partir de la aplicación de las nuevas tecnologías de fracturas hidráulicas, que se aplicarán fundamentalmente en la formación Vaca Muerta, pero todavía no, pues no hay inversores suficientes.

En la práctica, Sapag y la Neuquén que conduce han pasado de un presupuesto de gastos de menos de 3 mil millones de pesos a uno de más de 10 mil, en cinco años, en un contexto de contracción de sus recursos. Empezó a gobernar afirmando que ordenando las cuentas con la sencilla mecánica de un almacenero, poniendo en un cajón lo que se tiene y en otro lo que se gasta, y administrando con prudencia, bastaría. Ahora, el cajón de los recursos está cada vez más vacío; hay déficit, y necesidad de financiar ese déficit. Encima, la posibilidad de financiar –que es con bonos en dólares- no solo necesita el aval legislativo local: también se requiere del permiso explícito de la señora Presidente.

¿Cómo no entender que ahora Sapag explicite que debería ser constitucional la reelección indefinida? ¿Acaso puede hacer otra cosa, en el actual estado de dependencia política concreta que restringe objetivamente la soberanía neuquina?

Por eso el gobierno se concentra en insuflar “militancia” a una tropa que en algunos casos asiste azorada a los vaivenes de su partido, masticando la bronca de sentir una cosa y tener que hacer otra. Primero fue en Huincul, después en Chos Malal, el último viernes en San Martín de los Andes. El MPN y el gobierno se funden en retiros espirituales que buscan generar motivación, pero también disciplina, frente a los duros tiempos presentes.

La admisión pública de Sapag sobre que debe ser la gente con su voto la que decida si quiere seguir teniendo estos gobernantes y no otros (el mismo razonamiento que hiciera Carlos Menem cuando se suicidó buscando la re-re en los ’90) fue ampliamente difundida a nivel nacional, y atribuida a los deseos del cristinismo de que todos los gobernadores posibles y todos los intendentes que se pudiera conseguir, instalen el tema de la re-re, ya que el gobierno de Cristina Fernández tampoco tiene otro plan más que el de la propia continuidad que ofrecer a la afligida ciudadanía argentina.

Esta cuestión, en definitiva, remite a aquella ingeniosa frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Habría que decir en Argentina: “Esta es la Constitución…ni no le gusta, tengo otra”. De otra manera no se entiende tanto afán enmendador siempre apuntando a lo mismo, es decir, el tiempo de gobierno de los gobernantes.

Claro que para la interpretación neuquina, esto nunca ha sido una cuestión de “espíritu” de la Carta Magna. Es otro de los grandes mitos argentinos, esto del espíritu de la Constitución. Porque ese nivel sagrado es interpretado siempre según la coyuntura. Y lo que para un tiempo es “espíritu”, para otro es un detalle sin mayor importancia, que bien puede cambiarse para acomodarlo a la modernidad.

Lo concreto es que desde 1983 a la fecha, no se ha dejado de cambiar o sugerir cambiar las constituciones, las cartas orgánicas, y todo lo que sea “ley de leyes” según el nivel de Estado del que se trate. Al mismo tiempo, se habla de la necesidad de fijar “políticas de Estado duraderas” ¿Cómo, si a cada rato se necesita cambiar las bases?

El martes, en sesión especial, se aprobará el endeudamiento de 330 millones de dólares. Parte de esos fondos asegurarán poder ir pagando la deuda vieja, sin caer en default. Parte financiará diversos gastos del Estado. Y parte irá a obras que han sido negociadas con la oposición para asegurar la aprobación de la nueva deuda.

Así, Sapag financiará la actual gestión. Financiará el puente que la una con la que eventualmente venga, ya en el nuevo territorio en donde podría hacerse realidad el shale oil y el shale gas que sigue esperando alojado en las profundidades de la roca madre.

Sin embargo, muchas variables todavía siembran de duda este futuro posible. La mayor de ellas surge de este nuevo estado de dependencia de Neuquén, la provincia que siempre ha presumido de ser independiente de las restricciones centralistas.

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