Denuncia que por la desatención médica hoy no puede ni trabajar

El año pasado, a Roberto Pedraza le colocaron una prótesis en la rodilla. Pero la rechazó y hoy tiene la pierna infectada, según él por falta de control. Lo atendió el médico Daniel Da Valle, en el Hospital

Roberto Pedraza acababa de conseguir trabajo como sereno cuando su médico le explicó que debía someterse a una operación para colocarle una prótesis en la rodilla derecha. Como paciente afectado por la artrosis, aquélla aparecía como la mejor solución. En julio del año pasado, el médico Daniel Da Valle lo operó en el Hospital, pero el organismo del hombre rechazó la prótesis y desde allí empezaron las complicaciones.

En rigor, tal como lo relata el mismo Pedraza, la peor parte fue la desatención médica: asegura que, luego de la cirugía, sólo le hacían curaciones, pero ningún estudio para seguir su evolución. Como consecuencia de esto, arrastra una infección crónica, dolores constantes e inflamación. Sin embargo, lo más grave es que prácticamente no puede caminar, y por tanto no está en condiciones de trabajar, por lo que perdió su empleo.

“Hoy no puedo caminar más de una cuadra por el dolor. La vez pasada quisimos ir al centro con mi mujer y mis hijos, pero me tenía que sentar a cada rato porque no daba más: le pusimos como dos horas”, explicó Roberto Pedraza.

El hombre recuerda que, antes de la operación, la artrosis le provocaba dolor, pero no con la intensidad con la que hoy lo sufre. “Si hubiera sabido cómo iba a quedar, no me operaba”.

Roberto padece además una afección cardíaca, y luego de mucho buscar, a mediados del año pasado había conseguido trabajo como sereno.

Incapacidad laboral

Cuando le informaron que tenía que operarse, pensó que bastarían unos cuantos días para recuperarse, tras lo cual volvería a trabajar normalmente. Pero las cosas no salieron bien, y perdió su antiguo empleo.

Hasta el día de hoy no puede trabajar. Su único ingreso es una pensión por invalidez de 1.300 pesos, con la que mantiene a sus hijas.

El organismo de Roberto rechazó la prótesis y a partir de allí él desarrolló una grave infección.

Los médicos todavía tratan de controlarla para volver a operarlo. Tienen que quitarle la prótesis de la rodilla y colocarle una nueva, pero según el hombre todo ese proceso puede llevar más de un año.

El laberinto burocrático

Roberto Pedraza sufre de artrosis, y por ese motivo, el médico que lo atendía, Daniel Da Valle, le explicó que necesitaba una intervención quirúrgica en la rodilla derecha. En la operación, que el facultativo le practicó tiempo después, le colocaron una prótesis para mejorar el funcionamiento de la articulación.

Fue el 12 de julio de 2012. La intervención se realizó en el Nuevo Hospital de Río Cuarto. En el momento no hubo complicaciones, pero el posoperatorio se convirtió en un martirio para Pedraza.

Según recuerda el hombre, quince días después de la cirugía, en un control, Da Valle le informó que su organismo había rechazado la prótesis y que también presentaba un principio de infección. Para superar el inconveniente, el médico le indicó un tratamiento con antibióticos.

El cuadro de Pedraza incluía además fuertes dolores en la pierna, causados por la propia infección y por la gran inflamación que presentaba en la zona. “Hasta el día de hoy se le hincha la pierna”, acota su mujer, María Reynoso, como evidencia del fracaso del tratamiento médico.

Posteriormente, Roberto y su mujer comenzaron a ir cada quince días al Hospital, para que le controlaran el estado de la infección.

Tiempo después, en una nueva consulta al médico Daniel Da Valle, ambos le manifestaron su preocupación porque la infección avanzaba y se le había formado un “hueco” en la rodilla derecha.

“El doctor me hizo volver a las dos semanas, y entonces me volvió a curar, pero la cosa no mejoraba, así que me pidió que volviera a los 15 días. Así pasaron 45 días, y cuando volví ya tenía toda la pierna hinchada”, comentó Roberto Pedraza.

Un sinfín de idas y vueltas para ser atendido

Además de los problemas de salud, Roberto Pedraza y su mujer debieron padecer la burocracia del sistema de salud público.

“Durante 45 días fuimos constantemente a la guardia del Hospital, al dispensario donde curaban a mi marido. Pero la herida se le hacía cada vez más profunda”, comentó María Reynoso, la esposa.

Poco tiempo después, recuerda la mujer, consultaron a un médico clínico del Hospital, quien les advirtió que la situación era más grave de lo que pensaban. “Nos dijo que estaba por desarrollar una gangrena, y que mi marido podía perder la mitad de la pierna por la gran infección que tenía”, señaló.

Al poco tiempo, lo internaron y desde ese momento no volvieron a tener contacto cara a cara con el médico Daniel Da Valle. “La que nos daba las novedades era la secretaria del doctor”, comentó María.

Por otra parte, la mujer relata que a su marido no le hicieron los suficientes chequeos después de la internación. Sólo le aclararon que debía volver a la consulta si presentaba algún problema.

Para determinar el avance y el grado de infección, el 12 de diciembre pasado le practicaron un centellograma. Con los resultados del estudio en mano, María decidió hacer una tercera consulta, esta vez con una médica del Hospital San Roque de Córdoba capital.

Allí, el 15 de enero, la atendió la doctora Serquinsian, quien le explicó que Roberto tenía una grave infección en la pierna, y que corría riesgo de que se infectara el hueso.

De regreso a Río Cuarto, María se ocupó de gestionar una audiencia con el director del Hospital, Héctor Schiaroli, para ponerlo al tanto del caso de su marido y para pedirle el pasara al hospital San Roque de Córdoba. “Estuve tres días atrás de eso hasta que conseguí que el doctor Da Valle me derivara a otro médico”, comentó María Reynoso.

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