Denegaron la prisión domiciliaria a Baraldini

Usando como argumento su avanzada edad, el ex jefe de la Policía durante la dictadura pidió que lo dejaran estar en su domicilio. El juez respondió que esa edad no le fue obstáculo para mantenerse prófugo durante años.
Luis Baraldini, procesado por delitos de lesa humanidad, se quedó con las ganas de que la Justicia Federal le concediera el beneficio de la prisión domiciliaria.

El ex jefe de la Policía pampeana durante la dictadura hizo ese planteo ante el juez Pedro Zabala, usando el único argumento de la edad, pero el magistrado denegó su planteo.

La fundamentación para rechazar la petición es muy similar a la que el juez usó para denegar la excercelación, y refiere fundamentalmente a la manera en que Baraldini quiso entorpecer la investigación y la cantidad de tiempo que permaneció prófugo.

La ley señala, respecto de la prisión domiciliaria, que el juez “podrá” otorgarla, pero no está obligado, de ahí que Zabala rechazara el pedido.

Aludió a la cantidad de hechos por los que está acusado Baraldini, su gravedad y su conducta procesal de haberse mantenido prófugo durante tantos años, para lo cual su edad no fue un obstáculo.

El abogado defensor de Baraldini -el oficial, Federico Miller- presentó una apelación el último viernes. La Cámara de Apelaciones de Bahía Blanca deberá resolver el recurso.

Baraldini está procesado desde el viernes 20 de enero en la causa Nº 615/10, también conocida como Subzona 14 II.

Según el procesamiento, Baraldini resultó “un engranaje clave para la emisión o transmisión de las órdenes que culminaron con las detenciones ilegales y tormentos a los detenidos”. Además, en algunos casos aparece “su presencia personal en las detenciones y tormentos”.

El juez imputó al ex militar como autor directo y mediato de secuestros y torturas contra 223 víctimas. Y dictó la falta de mérito en 130 casos.

El accionar ilegal se concretó a través de los secuestros y tormentos de personas, utilizando como centros clandestinos de detención y torturas la Seccional Primera -en el primer piso funcionaba el grupo de tareas que integraban policías y militares- y el edificio de la Brigada de Investigaciones en Santa Rosa.

En ese marco, Baraldini primero fue jefe de la Sección Inteligencia del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 101 e integrante del Estado Mayor del Comando de la Subzona 14 (7 de diciembre de 1974 a 24 de marzo de 1976) y luego jefe de la Policía de la Provincia de La Pampa (hasta el 5 de noviembre de 1979).

“Integró el aparato organizado de poder, asociación ilícita de la que emanaron y se transmitieron las órdenes que culminaron con los allanamientos y detenciones ilegales, privaciones ilegítimas de la libertad y tormentos de habitantes de la provincia”, indicó Zabala.

Por eso, se le atribuyeron en principio delitos por el secuestro y tormentos de personas en calidad de autor mediato o directo, según los casos.

Como jefe de la Policía, Baraldini tenía bajo su mando al grupo de tareas que fue condenado en el juicio contra los represores a fines de 2010.

Zabala también consideró que se configura el delito de asociación ilícita en el proceder de Baraldini.

En el andamiaje operativo de la represión ilegal, el Comando Militar de la Subzona 14 asumió el control operacional de la Policía de la Provincia de La Pampa, de la delegación local de la Policía Federal Argentina y de las cárceles locales dependientes del Servicio Penitenciario Federal.

“Las partes componentes de dicha estructura -que superan ampliamente el número de tres miembros que la norma legal exige para tener por acreditado el delito- actuaban de manera coordinada, como eslabones de una única cadena o engranajes de un solo mecanismo, con conciencia de tal pertenencia y reconocimiento recíproco como tales”, señaló.

Además de la prisión preventiva del imputado, Zabala dictó el embargo a Baraldini por siete millones de pesos.

Baraldini, casado, profesor de equitación, nació el 23 de febrero de 1938 en Campo de Mayo (Buenos Aires) y es hijo de Eparco Martín (f) y de Amelia Sofía Pellegri.

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