La demolición de los primeros cimientos del hospital genera profundo pesar en el personal

Echar abajo todo lo que tenga techo de tejas, es la decisión que adoptaron las autoridades del Gobierno de Fabiana Ríos. Por estas horas se respira sólo tristeza y hondo pesar, porque se pierde otra parte de la historia de Río Grande. Empleados expresaron lo mal que transcurren estos últimos días en que ocuparán un lugar que los albergó por muchos años.
RIO GRANDE.- Por estas horas sólo se respira tristeza en los pasillos del Hospital Regional Río Grande. Mientras, parte del personal hace la mudanza de varias oficinas a otros sectores, obedeciendo órdenes, otros no pueden ocultar su pena de tener que dejar el lugar donde trabajan, para ser reubicados a otro.

Sucede que en pocos días comenzará el trabajo de demolición de las primeras paredes del Hospital Regional, porque se ha dispuesto la directiva de «echar abajo» todo lo que tenga techo de tejas.

Una de las empleadas que hace mucho trabaja en el nosocomio, dijo que «no quiero estar cuando empiecen a tirar esto abajo», recordando que el año pasado, cuando se procedió a la demolición de la antigua morgue, «no pude ocultar mi dolor y me puse a llorar».

En el caso del sector que será destruido, la empleada recordó que «mi papá puso algunos de los ladrillos de estas paredes» y sostuvo que da lástima «porque esta construcción es antisísmica. Es lo mejor que tiene el hospital».

Los sectores a mudar

La mudanza se realiza en los sectores de secretaría de neonatología, secretaría de ginecología, secretaría de pediatría, auditoria, archivo pasivo y depósito de farmacia.

En algunas de esas áreas existen aún algunos equipamientos para esterilización, los que se dejaron de usar porque fueron adquiridos nuevos; de todas maneras, algunos de ellos se pueden rescatar, a través de un reciclaje de los mismos.

«Que alguien reaccione»

Otra empleada del hospital, un poco más joven, pero que ama el lugar que será demolido, dijo que «la verdad me da mucha amargura pasar por estos pasillos y pensar que dentro de una semana va a ser demolido».

Señaló que «sería bueno que alguien reaccione, que la comunidad no haga oído sordos a todo esto».

«Esto es una pena por nosotros que trabajamos acá. Venimos a las seis de la madrugada y nos quedamos fuera de horario, porque nos gusta estar acá. Somos más que compañeros de trabajo, una verdadera familia» indicó la joven empleada.

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