Antes de brindar una charla en la Sociedad Italiana, uno de los principales referentes del radicalismo, el senador nacional Ernesto Sanz, pasó por este medio y habló del per saltum, del presupuesto, del 8N y el 7D. “No dramatizo esas fechas, pero tampoco les resto importancia”, expresó.
- Llegó a Luján en una semana especial para los lujanenses pero también en el Congreso.
- Para la semana movida de los lujanenses, mi solidaridad, mi respaldo, mi apoyo. Entiendo que pasan un momento difícil y saludo a todos los que ayudan a salir de este momento. Yo vengo de una zona donde los accidentes climáticos también están presentes. Y de estas cosas se sale con mucha solidaridad y con respaldo de la ciudadanía.
Desde lo político, la semana fue muy intensa no sólo desde lo Parlamentario. Hay un alto voltaje político en todos los espacios. La democracia argentina, que siempre debe estar en permanente revisión y perfección, hoy ofrece luces amarillas y rojas. Se sesionó en paralelo en senadores y diputados, algo bueno desde lo institucional, pero no agradable desde lo sustancial.
- ¿Por qué realiza esa observación?
- En el Senado, el oficialismo avanzó con dos leyes que tienen el mismo defecto. Lejos de ser instrumentos a favor de un mejor Estado y por ende de beneficios para el ciudadano, son instrumentos para fortalecer y engordar al gobierno, que no es el Estado. Hablo del per saltum y del presupuesto nacional. El per saltum responde a una cuestión coyuntural relacionada con la pelea con Clarín y con algo de más arriba, que es el armado de un mapa de medios afines al gobierno. Y lo del presupuesto es grave porque se votó el último día de octubre, reflejando la falta de debate y relevancia que tuvo este tema. Esto ocurre porque todos sabemos que es un dibujo teórico ya que el gobierno hace lo que quiere a través de sus superpoderes que rigen desde 2006. Desde entonces nosotros no acompañamos. Venimos con una visión federal y queremos defender los derechos de nuestras provincias. Así no podemos hacerlo. Tampoco podemos aportar una visión de país diferente porque la concentración de recursos luego el gobierno lo distribuye discrecionalmente. Pero hubo una muy buena noticia. En el medio de la discusión, 28 senadores nacionales pertenecientes a tres fuerzas de la oposición, firmamos un documento escrito con el compromiso de no votar y resistir cualquier intento de reforma de la Constitución y de re-reelección indefinida.
Por otra parte, en Diputados se arrancó una sesión presuntamente normal por el voto a los 16 años, con cierto consenso, y la intolerancia y la violencia de un sector del oficialismo representado por (Andrés) Larroque, hizo que todos los opositores se retiraran en repudio.
- Con el tema de la re-reelección, ¿cuál es el clima en el Congreso?
- Cualquier oficialista que sea consultado va a negar la cuestión. Lo que aparece como exabrupto de algún exaltado, como Conti o Kunkel, en verdad manifiesta la realidad. Hay cuestiones objetivas. Los populismos tienen un gran problema al final del camino y es la sucesión. El populismo, entre otras cosas, se fundamenta en la concentración en una persona. En el liderazgo excluyente. Y cuando hay un obstáculo, como una cláusula constitucional, pone en riesgo a todo el sistema. Esto pasa con el kirchnerismo. Aunque lo nieguen o lo pongan debajo de la alfombra, van hacia eso porque no tienen otra opción. Nosotros acordamos que hasta 2013, cuando cambie la relación de fuerza, no pasará. Esto es un mensaje para la sociedad sobre lo que se juega en la próxima elección.
- ¿Qué posición tiene su bancada ante el proyecto de voto a los 16 años?
- El radicalismo defendió toda la vida la expansión de los derechos y su ejecución. Por eso estamos a favor pero con una mirada muy crítica, porque expandir solo el derecho electoral es fallarle al país. Hay una serie de derechos que pasan, por ejemplo, por la educación de calidad, y hoy no se están cumpliendo. Nosotros invitamos a debatir al ministro de Educación. Queríamos conocer la actitud de este gobierno ante 800 mil pibes que ingresan a la educación y no pueden terminar. El ministro no lo pudo explicar. Es la famosa generación que no trabaja ni estudia. Tal vez esta realidad exalta y por eso apelaron al agravio.
-Ante el proyecto de presupuesto, ¿pudieron trazar observaciones concretas?
- El presupuesto marca un modelo de país. Hoy hay una altísima concentración, un unitarismo fiscal con límites impensados. El 78 por ciento en el presupuesto del año próximo está concentrado en Nación. Solo el 22 se distribuye en provincias. Eso es una grosera violación a la Ley de Coparticipación de los años de Alfonsín que establece un piso del 34 por ciento y que el 56 debía ir a provincia. Eso es un diseño de país. Eso no se discute porque está en el ADN del kirchnerismo: mantener el unitarismo como herramienta de disciplinamiento político.
El otro punto es qué hará con el 78 por ciento: un chorro de plata que va a cubrir un bache de mala gestión en la importación de combustibles. Se ponen 11 mil millones de dólares en esa importación. Y hay mucho que va a Educación, que es bueno como desafío pero que se pierde por mala praxis educativa. Mucho dinero se pone en programas sociales, que deben financiarse, pero preocupa que no se busque salir de modo paulatino con empleos genuinos y desarrollo productivo, sino que se genera una sociedad clientelar. Hay muy poco para promoción económica, para innovación, para búsqueda de nuevos horizontes productivos. Solo hay medidas estatizantes, no inteligentes, que generan fuga de capitales y desinversión. No hay estado de crisis ni de estallido, pero las señales son preocupantes. El deterioro se va acumulando. Y no se habla de inflación, madre de estos problemas. El gobierno la mete debajo de la alfombra y lejos de reconocerla como del 25 por ciento, en el presupuesto habla del 9. Y eso que el IVA tiene impacto directo de la inflación. Ellos no miran los deterioros.
-¿Qué reflexión realiza ante la marcha del 8N y el futuro 7D, fechas muy difundidas desde los medios?
- No dramatizo ninguna de las dos fechas, pero no les resto importancia. El 8N, más allá de lo que pueda ocurrir en términos cuantitativos, supone una movilización de amplias franjas de la sociedad argentina, disconformes, descontentas, que hace unos meses no se involucraban. Eso me parece bien. No comparto consignas fundamentalistas, agraviantes, descalificadoras. Eso no tiene nada que ver con nuestro partido. Pero sí comparto que una sociedad pueda movilizarse y expresar que está en contra de muchas acciones del gobierno, porque se siente afectada en su libertad, en su proyecto individual y colectivo. Nadie puede desmerecerlo y menos aún el gobierno. Porque ante esto el primero que reacciona mal, sin sencillez ni humildad, es el gobierno. Al día siguiente agravia a los ciudadanos, los estigmatiza y genera resentimiento.
El 7D tampoco lo dramatizo. Es una pelea del gobierno con un grupo, pero ojo: no es solamente eso. Detrás de esa pelea, el gobierno esconde la decisión política de construir un nuevo mapa de medios de comunicación, donde la destrucción del grupo Clarín es una parte. El gobierno no dice que mientras ataca a Clarín, calificado como monopolio privado, está construyendo y seguirá construyendo algo peor: el monopolio público. Lo hace con medios propios del Estado y de amigos del Estado a los que les dio autorizaciones y pauta publicitaria discrecional y millonaria. El mapa lo armaron y ahí solo se habla bien del gobierno y se ridiculiza al que piensa distinto. Eso es muy peligroso. Los que se movilizan el 8N lo advierten y lo ponen como bandera de libertad de expresión. Ante la anterior movilización, solo un canal la mostraba.
-Comparte lo que expresó aquí el dirigente Leopoldo Moreau: el temor al ruido de las cacerolas.
- Eso es otra cosa. La direccionalidad de la protesta social tiene que preocupar a la clase política. Porque la gente también reclama a la oposición, donde no se siente interpretada. Habrá que construir el espacio que los contenga.

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