Delicias de un verano con Cristina

Por Julio Blanck

Termina enero. Millones de compatriotas disfrutan sus vacaciones o se preparan para hacerlo. Es un tiempo plácido, de reparación y merecida distracción. Hay un peso en el bolsillo. El clima ayuda sin rigores excesivos.

Y como si eso fuera poco volvió Cristina . Espléndida. Todo sonrisa y cicatriz. El gesto suave y los palos de siempre – esta vez a petroleras, sindicatos, ambientalistas, medios de comunicación y gobierno inglés – repartidos casi amablemente, sin declinar hacia la ira, como tan bien lo hacía en los mejores días de la campaña.

En cada pasillo de la Casa Rosada, en el atiborrado salón Mujeres Argentinas del Bicentenario donde ella reapareció, el miércoles hubo euforia por su regreso.

“Mucha adrenalina, mucha alegría, como cuando ganamos la elección en octubre o cuando ella asumió en diciembre”, cuenta un funcionario que estuvo allí todos esos días, puntualmente.

Como siempre, a los costados y detrás de ella acomodaron a ministros y gobernadores. Como el primer lugar en la fila es para la provincia de Buenos Aires sobresalió el vicegobernador Gabriel Mariotto, ausente Daniel Scioli de viaje en Europa por razones médicas. No hay casualidades en la política: el cristinismo puro y duro hará cuanto esté a su alcance para que Mariotto algún día, y si es pronto mejor, ocupe ese lugar de modo permanente.

Al lado de Mariotto, la sonrisa de José Manuel De la Sota, una incomodidad que los halcones del Gobierno no tienen más remedio que aguantarse. Y junto al gobernador cordobés, el chubutense Martín Buzzi, que pegó temprano el salto hacia el oficialismo y ahora parece llamado a ser el vértice de la cuña de gobernadores que presionarán sobre las empresas petroleras, la bestia negra de este tiempo. A Buzzi le van pagando el trabajo por adelantado, con figuración destacada en las inmediaciones de Cristina.

Ella se regodeó en su largo discurso: “Todo siguió funcionando aunque yo no estuviera” . Fue un elogio a sus funcionarios, que se estremecen con semejante caricia. También a ella misma, por haber tenido la sabiduría de elegirlos, el tesón para entrenarlos, el vigor para conducirlos.

Por cierto, todo siguió funcionando en las tres semanas de su licencia como si ella hubiese estado. El común de la gente hizo su vida, aprovechando la bonanza. Y tampoco otras cosas cambiaron. Todo el mundo sabe que los costos de la luz, el gas, el agua, los impuestos municipales, el transporte, las prepagas, los celulares y las expensas se van para arriba.

Y sabe todo el mundo que la inflación no tiene pinta de aflojar y que en cambio hay una presión conjunta de Gobierno y empresarios para que los salarios retrocedan un par de puntos este año por debajo del costo de vida. Y el campo, como siempre, llora y espera ayuda por la sequía. Y los industriales sufren por el creciente bloqueo de las importaciones. Y las protestas contra la megaminería le carcomen un poco el flanco progresista al Gobierno, que es impulsor de esos multimillonarios emprendimientos con riesgo ambiental.

Todo eso también es el país real, tanto como el de las multitudes en felices vacaciones o el del 54% de la reelección de Cristina que todavía retumba y apichona a una oposición cada vez más pálida.

Como el horizonte político está libre de acechanzas externas, en el oficialismo se dedican con fruición al deporte de la interna. Guillermo Moreno les mastica espacios a los ministros, los aprieta en dichos y hechos mientras cumple instrucciones de la Presidenta, que lo recompensa con libertad de acción y elogios públicos. Los cuadros de La Cámpora avisan: vamos por todo. Y van, con anuencia presidencial.

El cristinismo recela hasta de las sombras y acusa a algunos kirchneristas de la primera hora de promover el poskirchnerismo. Delirios de quienes se sienten eternos en el poder. El meneo de la reforma constitucional tiene mucho de eso, de pretensión de eternidad . Los que más agitan el asunto son los que menos futuro tienen si Cristina sale de escena al final de este mandato. Empujan un cambio de la Constitución en defensa propia , podría decirse.

Los empresarios petroleros saben que van a tener un año difícil. Aseguran que la Presidenta se lo anticipó al más notorio de ellos, en una áspera reunión de tres horas, semanas atrás. Hay que encontrar culpables por la crisis de energía que dejó crecer en estos años.

Los banqueros no esperan ser tratados de manera mucho más elegante. Como los petroleros, ellos también fueron socios aventajados de los Kirchner. Pero los humores cambian cuando el déficit fiscal se acerca a los 10.000 millones de dólares, Moreno ya trató a los banqueros, genéricamente, de “enemigos de la Patria” . En estos días, cuentan azorados quienes lo frecuentan, el supersecretario tomó la odiosa costumbre de llamar “ex convicto” a Jorge Brito, el banquero más amigo del poder en este tiempo, el mismo que le vendió a Cristina uno de sus departamentos de lujo en Puerto Madero. También en alusión a su relación con Brito le había dicho en público al vicepresidente Amado Boudou: “ Con tu jefe está todo mal” . Dos pájaros de un tiro. Un encanto este Moreno.

Otra delicia que circuló en oficinas del Gobierno tuvo que ver con la confusión por el anuncio intempestivo del aumento en el transporte. Todo empezó con un aviso oficial firmado por Presidencia de la Nación, que alertaba que desde el 10 de febrero será más caro viajar para quienes no tengan la tarjeta SUBE. La gente, de a miles, salió corriendo a conseguir la tarjeta porque nadie quiere que le metan la mano en el bolsillo.

En busca de precisiones, los periodistas y los empresarios del sector llamaron a la Secretaría de Transporte. Pero el secretario Juan Pablo Schiavi aumentó la confusión porque al principio no dijo nada y después nunca supo bien qué decir. Abrumado, Schiavi llamó al secretario de Medios, Alfredo Scoccimarro, para protestarle porque había difundido ese aviso por su cuenta, sin anticiparle el contenido. Lo que no sabía, y se enteró en esa breve conversación, fue que el anuncio que desató la “psicosis” – como la llamó el propio Schiavi – sobre el aumento en trenes y colectivos había sido ordenado y supervisado por la Presidenta . Eso sucedió cuando Cristina gobernaba desde su licencia. Pequeñas historias de un enero inolvidable.

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