Las dos delegaciones, entre la ansiedad y la fría cortesía

Las dos delegaciones, entre la ansiedad y la fría cortesía
Llegaron con demora por atrasos en vuelos. Homenaje al fallecido jefe de la misión oriental.
El caos en que sumió a Europa la nube volcánica islandesa afectó tanto el desenlace del juicio argentino-uruguayo, que esas horas de nerviosismo en que suelen sumergirse las partes cuando les llega una sentencia, acentuaron la sensación de estar presenciando ayer aquí una operación jurídica, cordial, aunque fría y quirúrgica.

Las delegaciones llegaron literalmente rengas y a última hora, debido a las múltiples cancelaciones de vuelos en las capitales europeas sobre el fin de semana, que demoraron hasta último momento la llegada de todos, incluyendo la de esta enviada. Las delegaciones de ambos países apenas se cruzaron saludos de rigor en las casi tres horas que les tomó la entrada y la salida de la Corte. Al final ambos grupos hicieron declaraciones a la prensa. Fue ya afuera de la Corte, cuando el frío y el viento copaba la caída de la tarde en La Haya.

La delegación oriental fue la que primero llegó ayer al Peace Palace, donde se levanta la Corte de la ONU, creada en 1945. Pero tenían bajas. Por empezar, uno de sus jefes, el embajador de Uruguay ante los Estados Unidos, Carlos Gianelli, no logró encontrar aeropuerto europeo abierto como para trasladarse a tiempo desde Washington. Directamente no vino. Tampoco aparecieron los abogados que asesoraron a los vecinos durante el juicio que en su contra abrió la Argentina el 4 de mayo de 2006.

Faltaban unos quince minutos para las tres de la tarde aquí cuando llegó Susana Ruiz Cerutti, cabeza de la delegación argentina. En un saludo de mano quedó sellada la presentación al ex canciller uruguayo Pedro Vaz, que le hizo el hoy embajador del presidente José Mujica ante Holanda, Carlos Mora. Más afectuosa se la vio a Cerutti con Elvio Roselli, de quien fue par durante los años que coincidieron como embajadores de sus países en Canadá.

Al llegar, cada grupo se fue acomodando en la gran sala de la Corte. Un recinto enorme, con presencia abundante de madera, alfombras, arañas y ventanales por donde ayer el viento que se colaba movía y removía los cortinados.

Como parte de las ceremonia, los abogados de las partes -esta vez estuvieron sólo los que representaron a la Argentina- se vistieron como les da derecho la tradición: con los atuendos de los máximos países en donde residen. Al argentino Marcelo Kohen y la francesa Laurence Boisson de Chazourne se los vio con la toga negra y la banda roja sobria, a la manera calvinista de Ginebra. Al británico Philippe Sands, con la peluca blanca. En cambio tampoco llegó a tiempo el francés Alain Pellet para "lucir" su capa de armiño.

Hubo quizás un único momento de comunión. Cuando el juez Peter Tomka pidió un homenaje para el ex canciller uruguayo Héctor Gross Espiell, fallecido en noviembre pasado, y quien había sido la primera cabeza legal del gobierno de Tabaré Vázquez ante este juicio en La Haya.

La ansiedad apenas podía detectarse en los movimientos de manos que todos hacían para contenerse. Por lo demás, la ceremonia judicial fue bastante circunspecta.

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