Desde La Habana, la periodista criticó la reforma migratoria lanzada por Raúl Castro. Cómo recibieron la noticia los cubanos.
Yoani Sánchez habla con calma y pausa, sabiendo que en Cuba los tiempos corren más lentamente que en el resto del mundo. Con veinte permisos de salida negados en los últimos cinco años, la periodista que se opuso públicamente a los Castro analiza en diálogo con PERFIL la reforma de la ley migratoria anunciada esta semana, que elimina el permiso de salida para los cubanos, y sostiene que bajo el gobierno de Fidel hubiese sido “impensable” que La Habana modificara su estricto régimen. Sin embargo, Yoani también arroja dudas sobre la iniciativa y anuncia que visitará la Argentina si las autoridades cubanas se lo permiten.
La reforma, anunciada por el diario estatal Granma, se instrumentará a partir del 14 de enero de 2013. Aunque se pone fin a un régimen vigente desde 1961, la nueva normativa también tiene sus límites: los científicos, entre ellos los médicos, y los atletas no podrán acceder a pasaportes, para evitar “el robo” de cerebros y talentos.
—¿Cómo recibieron los cubanos la reforma de la ley migratoria?
—Con este nuevo decreto ley, muchos cubanos han visto el vaso medio lleno porque se reducen muchos trámites y baja el monto que hay que pagar para salir del país. Por otro lado, muchos vimos el vaso medio vacío porque esperábamos más, queríamos que el gobierno reconociera que viajar, entrar y salir del país es un derecho. Lamentablemente, eso no sucedió. Pero para el cubano promedio que no opina de política, no se graduó de médico ni es atleta y no conoce secretos de Estado, es importante.
—¿Por qué está decepcionada con la nueva ley?
—Porque no elimina el poder que tiene el gobierno cubano para decidir quién viaja y quién no. Se ha dejado suficiente margen para que las autoridades puedan negar el derecho a salir al sector más contestatario. En lo personal, me parece que, a pesar de ser una reforma decepcionante, el gobierno tuvo que dar un paso por la presión que hubo fuera y dentro del país. Ha hecho una movida. Y eso ya es importante.
—¿Cree que, una vez más, no la dejarán viajar al exterior?
—Los límites me los pondrán las autoridades. Voy a solicitar mi pasaporte de manera cívica a la oficina de Migraciones cubana y a hacer todos los trámites que sean necesarios.
—En caso de poder dejar Cuba, ¿le interesaría venir a la Argentina?
—Sí, cómo no. Me gustaría mucho. Si me dejan salir de Cuba, mi deseo es viajar a la Argentina. He tenido muchas ocasiones para visitar Buenos Aires, como cuando no pude ir a recibir el Premio Perfil a la Libertad de Expresión Internacional o a la presentación de mi libro. Sin lugar a dudas, Argentina estará en mi itinerario, que depende de la oficina de Migraciones cubana. Argentina es el país de donde más me llamaron en los últimos días, para consultar sobre la reforma migratoria. He recibido más de cincuenta llamadas. Ha sido muy emocionante. Aunque sabía que hay simpatías a nivel de los pueblos, no me imaginaba algo así. Sé que el caso de Hilda Molina despertó la solidaridad de los argentinos.
—Raúl Castro había prometido hace un año una reforma. ¿Decepcionó a los cubanos con esta iniciativa?
—Sí, decepcionó a muchos que esperaban una reforma más profunda. La gran mayoría esperaba cualquier cosa. Pero es una posibilidad que ha estado cerrada tanto tiempo que, cuando hay un pequeño movimiento, no se sabe qué puede desencadenar. Raúl cree que los cubanos pueden ir al extranjero y volver llenos de dólares. Hace algunas reformas, pero por la presión económica. El gobierno necesita divisas y la ley está pensada en ese aspecto. Pero lo que no pueden imaginar es la influencia que va a haber en la mente de los cubanos. Eso puede ser muy corrosivo para el régimen. Sin embargo, hay que esperar hasta el 14 para ver si hay una lista negra.
—¿Cuál fue la posición de Fidel con respecto a esta reforma?
—Fidel Castro no se pronunció. Esta semana se difundió una carta suya dirigida a los graduados de Medicina para acallar los rumores sobre un eventual deterioro de su salud. Esta ley migratoria hubiera sido imposible que se aprobara bajo el control de Fidel. Esa era una de las monedas de cambio de fidelidad ideológica.


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