Define hoy Alemania el futuro del euro

En medio de una rebelión de legisladores oficialistas, el Parlamento vota la ampliación del paquete de rescate para los países en problemas

BERLIN.- En una decisión clave para el futuro de la Unión Europea, y luego de una jornada en que los mercados volvieron a reaccionar con pesimismo ante las divisiones del bloque respecto del plan para evitar un default griego, el Parlamento alemán deberá decidir hoy si amplía o no el fondo de ayuda para países de la eurozona en crisis.

Los principales partidos de la oposición -el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y Los Verdes- adelantaron su apoyo a la ley, que duplica el aporte de Alemania al Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), lo que garantizaría su aprobación.

Pero las dudas provienen desde la propia coalición de centroderecha que preside Angela Merkel, conformada por su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la Unión Social Cristiana bávara (CSU) y el Partido Liberal Demócrata (FPD).

Varios legisladores oficialistas adelantaron que no apoyarán el proyecto, que tiene un 75% de rechazo entre la población, según un sondeo del canal ZDF, por entender que obliga a Alemania a pagar los platos rotos de una crisis que causaron los países indisciplinados de la zona euro.

La votación tendrá lugar mientras se espera que la Troika, conformada por la UE, el Banco Central Europeo y el FMI, vuelva hoy a Atenas, para analizar si da luz verde al desembolso del sexto tramo del rescate a Grecia, un fondo de 8000 millones de euros que ese país necesita imperiosamente para no caer en default en octubre. Si, como se espera, el proyecto es sancionado gracias al voto de la oposición alemana, sería un golpe difícil de resistir para el gobierno de Merkel. También sería una señal trágica para el bloque europeo, que en medio de la crisis recibiría un respaldo "a medias" de uno de sus pilares fundadores y vería al gobierno de su primera potencia tambalearse por culpa del euro.

"Si fracasa el euro, fracasa Europa", ha insistido Merkel en los últimos días. Ayer advirtió a los legisladores de su coalición que la votación es de "interés mundial".

Para evitar una crisis de consecuencias imprevisibles, Merkel debe lograr la llamada "mayoría de la canciller". Es decir, que los diputados de su coalición sumen la mitad más uno de los votos del Parlamento a favor de la ley. El Parlamento tiene 620 escaños y la mayoría absoluta es de 311. La CDU de Merkel y sus socios liberales suman 330, por lo que pueden permitirse 19 disidentes.

Según los cálculos que hacen los medios, hay 18 que amenazan con la abstención o el voto en contra. Es un margen muy estrecho como para dar por sentado que Merkel logrará hoy su objetivo.

Si los 17 países del euro la aprueban, el FEEF ampliará a 440.000 millones de euros sus fondos para dar créditos a países en crisis y comprar deuda soberana. Para eso tendrá que sumar garantías estatales por 780.000 millones. En el caso de Alemania, el mayor contribuyente del fondo, la reforma implica casi duplicar su aporte a 211.000 millones de esos avales, frente a los 123.000 millones actuales. Hasta ahora, han aprobado la ampliación del FEEF Francia, España, Italia, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, Eslovenia, Grecia e Irlanda.

En cuanto a Grecia, Merkel sugirió que los términos del segundo rescate a este país de 109.000 millones de euros podrían ser revisados dependiendo del resultado de la auditoría de la Troika.

"Debemos aguardar y ver lo que la Troika descubra y lo que nos diga sobre si tenemos que renegociar o no", afirmó la canciller, partidaria de que los bancos acepten una mayor quita de la deuda de Grecia, posibilidad rechazada por Francia.

Mientras tanto, después de un día de euforia, el escepticismo volvió ayer a los mercados: Wall Street cayó un 1,61% y hubo bajas de hasta 1,44% en Europa. "En privado, el gobierno ya cuenta con el default de Grecia", fue el título de ayer del diario Bild, el más vendido de Alemania, tras el encuentro de anteayer de Merkel con el premier griego, Giorgios Papandreu.

Por su parte, el ex miembro del Banco Central Europeo (BCE) Otmar Issing declaró que la única manera de salvar a Grecia es una quita del 50% en la deuda y una salida del euro.

Esta posibilidad fue negada nuevamente por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que dijo que Grecia seguirá en la eurozona y que propuso un impuesto a las transacciones financieras que, en otra muestra de las crecientes divisiones en el bloque, fue rechazado inmediatamente por Gran Bretaña.

"Enfrentamos el mayor desafío en la historia de la Unión", reconoció, sin embargo, Barroso, en un discurso ante el Parlamento Europeo.

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