El dedo de Cristina y el futuro de la central obrera

Por Fernando Laborda
LA CGT está a punto de iniciar un proceso de transición que podría concluir con la salida de Hugo Moyano . La duda es cuándo se concretará y quiénes conducirán el recambio.

El dirigente camionero podría estar dispuesto a dejar el cargo de secretario general de la central obrera, mas no a cualquier precio. No es fácil que un gremialista que en los últimos años ha acumulado un poder desmesurado se resigne a perderlo con tanta facilidad.

La renovación de autoridades de la CGT está prevista para mediados del año próximo. Moyano no accedería a anticipar los plazos, a menos que pueda influir en forma vital en el diseño de la nueva conducción. No estaría para nada dispuesto a dejar en otras manos el manejo de la transición, y mucho menos en los llamados "Gordos", como se conoce a los líderes de poderosos gremios como los de Luz y Fuerza, Sanidad, la Unión Obrera de la Construcción, los ferroviarios y los mercantiles. Tanto este sector como el grupo encabezado por el gastronómico Luis Barrionuevo no comulgan con el moyanismo. Siempre criticaron el centralismo en las decisiones del dirigente camionero y su afán por "robar afiliados de otros gremios para el suyo".

No debe extrañar, entonces, que las declaraciones de Oscar Lescano, uno de "los Gordos", en las que da cuenta de que había escuchado que "Moyano se iba" porque "estaba cansado", reavivaran la disputa interna en el sindicalismo y obligaran al moyanismo a pintarse la cara para un nuevo combate.

En el actual contexto, no habría que descartar que la contienda termine dirimiéndose en la Casa Rosada, especialmente si, como se espera, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner retiene en octubre el apoyo logrado en las primarias abiertas.

La primera mandataria descubrió meses atrás que Moyano era un socio incómodo en un año electoral por su mala imagen en la sociedad. Lentamente, fue tomando distancia del líder cegetista hasta llegar a fustigarlo en público y, finalmente, dejarlo sin candidatos a diputado nacional, con la sugestiva excepción de su hijo, Facundo.

La Presidenta dejó así en evidencia que Moyano no era su interlocutor preferido en el sindicalismo, pese a que durante años el kirchnerismo alimentó el poder del camionero con cargos y dádivas de toda clase. Hasta se dejó trascender que la Casa Rosada tenía un candidato natural a reemplazar a Moyano: el dirigente del gremio de la construcción Gerardo Martínez. Antes, claro está, de que éste cayera en desgracia al ser acusado de haber integrado el Batallón de Inteligencia 601 durante el régimen militar.

El dedo presidencial podría ser clave en el futuro de la CGT, aunque ya se vayan preparando para la carrera "los Gordos" Antonio Caló (metalúrgicos) y Héctor Daer (sanidad), al igual que el estatal Andrés Rodríguez.

Como para mostrar que no está dispuesto a ceder posiciones alegremente, Moyano apoyó en las últimas horas una medida de fuerza de transportistas de granos que paralizó los puertos bonaerenses, al tiempo que reclamó un aumento del salario mínimo del 40 por ciento, que difícilmente el Gobierno esté dispuesto a convalidar. Entretanto, relojea la causa judicial que lo acosa. Moyano resiste y golpea, pero nunca deja de negociar..

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