La declaración del primero de los testigos en el juicio contra los represores Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 acusados por crímenes de lesa humanidad, fue tan extensa como reveladora . La hizo Luis “Vitín” Baronetto, el actual secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad local, quien es a la vez es testigo y víctima.
Baronetto, un líder barrial que militaba en el “Peronismo Auténtico”, relató que “esa madrugada un grupo asaltó nuestra casa en barrio Libertador, nos pusieron capuchas, nos tiraron en autos y nos llevaron a la D-2. Lo supimos por las campanadas (de la Catedral cordobesa, que está a pocos metros). Cuando llegamos, nos torturaron”. El hombre identificó, entre sus verdugos, a ex policías presentes en la sala: Ricardo Cayetano Rocha y al ex comisario Carlos Yanicelli, conocido como “el Tucán”, quien en la jornada previa acusó a un camarista de “servicio de inteligencia” y aseguró “no haber torturado nunca”.
Sin autocompasión y con abundantes detalles y nombres, la exposición de Baronetto fue la de un viejo militante que habló siempre en plural de sus “compañeros de prisión”, y que a pesar de haber sufrido torturas y haber perdido a su mujer –al hijo nacido en cautiverio lo dieron a unos familiares–- se mostró preocupado en no dejar a nadie fuera de su memoria.
Contó cómo las condiciones de su encierro se endurecieron con el arribo a la jefatura de policía de (Juan Bautista) Sasiaíñ, y cómo este militar “llegó un día vestido de civil y nos dijo: ´No se pongan contentos porque los vamos a matar a todos. Pero los vamos a matar lento como a las ratas, para que se arrepientan de haber nacido´. Nosotros pensamos que era una bravuconada, pero no”. Lo que siguió fueron los “trece hechos” de fusilamientos de los que Baronetto y sus compañeros se iban enterando por los que lograban sobrevivir, lo que contaban los carceleros y por “una radio que teníamos encanutada debajo del piso”. El testigo también apuntó a “complicidad” de la Justicia Federal: nombró varias veces al juez (Adolfo) Zamboni Ledesma, y a su entonces secretario, el ex juez Carlos Otero Alvarez, quienes lo visitaron en la cárcel, pero habrían hecho poco y nada para ayudarle. La noticia del asesinato de su mujer le llegó a su celda “la número 2” de parte de un preso que le escribió “una larga carta en un rollo de papel higiénico”.
A pesar de que se creía que tanto Videla como Menéndez se retirarían de la sala a partir de los testimonios –los asiste el derecho de ver todo en la pantalla de una sala contigua– ambos permanecieron en sus butacas. Y esta vez no se durmieron.
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