El santafesino contó ayer cómo mató a Mauro y a Bernardo Román el 1 de marzo de 2009. Según su testimonio, lo hizo para defenderse porque aquel día querían sacarle la casa y asesinarlo. Además, refirió que el arma de fuego que utilizó fue un revólver que portaba “el Pollo” Román.
Cosentino, con su Defensora Oficial. Las partes darán a conocer sus alegatos el martes de la semana próxima. (FOTO: JOSÉ BERGER)
Si hubiera que convertir en una película al juicio que se está desarrollando por estos días en el Tribunal Oral en lo Criminal número 2 de Azul, hay una escena de ese debate que bajo ningún punto de vista un director cinematográfico dejaría de incluir en ese hipotético filme.
Se produjo ayer, durante lo que fue la declaración brindada por Lionel “Lucho” Cosentino, testimonio donde, entre otras cosas, el santafesino contó la manera en que el 1 de marzo del año 2009 asesinó a balazos a los hermanos Mauro y Bernardo “el Pollo” Román en el barrio Villa Suiza de esta ciudad.
En medio de un relato donde el autor de los homicidios se ubicó como un sujeto que aquel día se defendió de una agresión, en un tramo de su declaración contó que el menor de los hermanos Román -Mauro, que tenía 24 años cuando murió al recibir un balazo en el pecho- le disparó con un revólver calibre 22. Ese balazo, según les contó Cosentino a los jueces, impactó en su cuello y le produjo una cicatriz que todavía hoy posee.
Ante esta revelación -Cosentino, que permaneció prófugo por los crímenes durante dos años, nunca antes había declarado y jamás, en el marco de lo que fue la investigación del caso, se habló de la existencia de una segunda arma de fuego- el juez Carlos Pagliere (h) le pidió que se acercara hasta él y los demás miembros del TOC 2. La idea era que les mostrara a los jueces esa cicatriz en el costado izquierdo de su cuello que, según el acusado, fue producto del balazo que recibiera aquel domingo de Carnaval 1 de marzo de 2009.
Ahí fue cuando se produjo la escena ya mencionada, esa que no podría faltar en ninguna película si algún día se decidiera hacer alguna versión fílmica de este proceso judicial.
Cosentino caminó desde la silla donde estaba declarando hasta el estrado que ocupan los jueces, se paró delante de ellos bien cerca para que pudieran observarlo y se bajó el cuello de lo que pareció ser una polera, que tenía puesta por debajo de una campera negra dominada por varios cierres con la que ha estado asistiendo a cada una de las jornadas de este juicio. Primero el Dr. Pagliere (h) y luego los jueces Abudarham y Raverta, los integrantes del TOC 2 observaron esa cicatriz aparentemente producida por el disparo de un arma que, al igual que la utilizada para asesinar a los hermanos Román, jamás apareció pero que, a diferencia del revólver homicida -presuntamente un calibre 38- ,nunca había sido mencionado hasta ahora en el transcurso de lo que fuera la investigación del caso. Lo que los jueces concluyeron a través de sus gestos al ver esa cicatriz seguramente lo contarán cuando anuncien el fallo de este caso.
Pero en ese entonces, esa escena tuvo el poder suficiente como para convertirse en uno de los momentos más significativos de lo que está siendo este juicio oral que continuará el martes que viene, cuando en horas del mediodía las partes anuncien sus respectivos alegatos.
Los asesinatos, según su autor
Por consejo de su defensora Oficial Mariana Mocciaro, Cosentino no declaró por las cuatro causas penales por las que está siendo juzgado.
Gran parte de su testimonio de ayer estuvo referido a lo que fueron los asesinatos de los hermanos Román. Y hubo, además, una alusión por parte del imputado al hecho de venta de drogas que se le atribuye como cometido en Tandil, del que sólo declaró que no es él el sujeto que aparece en las filmaciones que la Policía recolectó en el marco de lo que fuera la investigación de ese caso y que derivara en su aprehensión el 11 de marzo del año pasado.
Como ya se ha señalado, ese día Cosentino fue arrestado en un camping de Tandil donde estaba con su actual pareja y el hijo que con ella tiene. Pero para ese entonces, como tenía un documento con su foto pero con otra identidad, aún no se sabía que quien estaba siendo aprehendido era el autor de los asesinatos de Mauro y Bernardo Román.
Eso se descubrió cuando días más tarde Cosentino fue traído a Azul a la fiscalía que por ese entonces estaba a cargo del Dr. Luis Surget -el representante del Ministerio Público Fiscal en este debate- para que declarara por el delito de la tenencia de las drogas y de un revólver calibre 38, hechos por los que había sido arrestado en la ciudad serrana y por los que ahora también está siendo juzgado.
Volviendo a los homicidios que están siendo la principal de las causas penales ventiladas en este juicio, su versión de los hechos se remontó a un día antes a que ocurrieran. En la casa donde vivía con su concubina y un hijo suyo producto de una relación con otra mujer -esa propiedad ubicada en Jujuy casi Sarmiento que dijo comprarle a un hombre llamado Roque Ramallo a 1.500 pesos, a quien había conocido en Olavarría meses antes-, Cosentino contó que el sábado a la noche habían estado comiendo un asado, cena de la que -además- participaron la hermana de su concubina y la por entonces pareja de ella (testigos de la Defensa que ayer también declararon en este juicio).
Al día siguiente, es decir el domingo 1 de marzo de 2009, el imputado refirió que él estaba haciendo un techo en la casa de otra ex pareja suya cuando su concubina lo llamó para decirle que Bernardo “el Pollo” Román había ido a buscarlo para matarlo. Ese incidente incluyó -según lo relatado por él y lo que un día antes contara su mujer en el debate- que el mayor de los hermanos asesinados llegara al lugar en el Fiat 125, pateara la puerta de la casa y que, cuando salió a atenderlo Florencia De los Santos, golpeara a la joven, amenazara con violarla y le advirtiera que en un rato iba a regresar a buscar a Cosentino para matarlo, ya que reclamaba para sí la casa que el santafesino había comprado meses antes.
Más adelante, el imputado refirió que luego de que eso pasara su mujer lo llamó por teléfono, por lo que él, corriendo, volvió a su casa. Según su versión, ni bien llegó les dijo a la hermana de Florencia y a su novio que se fueran y les dio a su pequeño hijo para que se lo llevaran. En tanto, a su concubina le ordenó que se quedara adentro de la casa.
Instantes más tarde, en el mismo auto con escape libre, los hermanos Román y al menos cuatro personas más regresaron a la casa de Jujuy casi Sarmiento. En esa ocasión, el que salió a hablar con ellos, fundamentalmente con “el Pollo”, fue él.
“Yo estaba en la vereda, me voy hacia el auto. Los chicos (por la hermana de su mujer y el novio de ésta) ya habían salido, ya se habían ido. Le fui a preguntar al Pollo el problema que había y me dijo que el problema era el de la casa”. Y tras preguntarle por qué se había metido con su familia e instantes antes había agredido a su mujer, contó que el mayor de los Román, que había llegado hasta el lugar conduciendo el auto, le advirtió: “Te tenés que ir o te voy a matar”.
Siempre de acuerdo con su testimonio, Bernardo Román después extrajo un revólver y “empezamos a forcejear”. En ese forcejeo, Cosentino contó que “le gané el arma”, lo que provocó que Mauro Román, que hasta ese momento al parecer observaba la escena desde dentro del auto, descendiera del vehículo y le disparara al santafesino con un revólver calibre 22.
Ese disparo fue el que le provocó a Cosentino la herida que ahora, tres años y medio después, se tradujo en esa cicatriz en el cuello que ayer les mostró a los jueces. El acusado señaló que en ese entonces no sintió nada, que hizo un paso hacia atrás y que con el revólver que instantes antes le había arrebatado al mayor de los Román le disparó a Mauro.
El balazo que recibió en el pecho el menor de los hermanos derivó en que aquel día, instantes después, muriera camino al hospital.
Siguiendo con su versión de los hechos, con Mauro Román herido de muerte en el piso, Cosentino contó que “el Pollo” fue hasta donde su hermano estaba tirado y se agachó. En ese momento, el santafesino creyó que Bernardo Román iba a tomar el arma de fuego que instantes antes empuñaba su hermano para dispararle a él. Y ante eso que creyó que podía pasar, contó que también le disparó a “el Pollo”. El balazo dio en la cabeza del hombre que en ese entonces tenía 30 años de edad. El mayor de los hermanos baleados ese día, el que minutos antes había ido a la casa y -según otros testigos- le había dicho a la mujer de Cosentino que él era “el más capito del Sanfra (en alusión al Barrio San Francisco de Asís donde vivía)” y que venía a matar al santafesino, estuvo internado en el Pintos hasta el miércoles 4 de marzo, día en que -ya diagnosticada su muerte cerebral por los médicos que lo atendieron- se produjo su deceso.
Al “Pollo”, según declaró ayer Cosentino, él lo vio cerca del arma y por eso le disparó, “porque en ese momento pensé que me iba a disparar, que me iba a seguir disparando”. “A Mauro -agregó- le tiro porque me tiró él primero”.
Mientras ese revólver que empuñaba el menor de los hermanos asesinados, arma de fuego que según Cosentino era calibre 22, nunca fue encontrado, el santafesino les contó ayer también a los jueces que el revólver que él empleó para matar a los Román se lo llevó.
Instantes después, cuando ya comenzó a vivir en el anonimato, se deshizo de ese revólver “en la vía”, lugar al que había llegado en un remís, antes de huir de la ciudad para permanecer dos años prófugo por los asesinatos, crímenes que -de acuerdo con su testimonio- cometió para defenderse de quienes aquel día habían ido a buscarlo para matarlo y sacarle la casa.
EL DATO:
En su relato, Cosentino también habló de la pelea que días antes en la bailanta de Chacarita mantuvo con “el Pollo”. Según contó, fue un sábado a la noche en que Bernardo Román se acercó hasta él y “me decía que se sentía re zarpado conmigo”. En ese entonces el santafesino dijo que no lo conocía. También, que Román le advirtió que “tenía que desocupar la casa que había comprado porque esa casa era de él”. Luego se tomaron a golpes, hasta que Bernardo Román fue echado del lugar por los “patovicas”. El autor de los asesinatos contó ayer que aquel día su agresor le hizo “sangrar la nariz y la boca”.
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