La víctima dijo en los Tribunales de Entre Ríos que el cura Justo José Ilarraz les enseñaba a masturbarse. Indicó que entraba a la ducha, salía desnudo, y se le ponía enfrente de los chicos. Narró textualmente que el cura les decía: "No hay problema que nos miremos desnudos, porque somos todos hombres".
"Les enseñaba a masturbarse. Entraba a la ducha, y salía desnudo, y se le ponía enfrente de los chicos. 'No hay problema que nos miremos desnudos, porque somos todos hombres', les decía a los chicos", dijo en los tribunales.
Además, testimonió un sacerdote que ya no está en la Diócesis de Paraná. Se trata de Pedro Amadeo Barzán, quien por esos años era "bedel", es decir un estudiante avanzado que se desempeñaba como responsable de los seminaristas.
Por otro lado, se conoció que el arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puíggari, convocó a una nueva reunión del clero paranaense. Este miércoles la sexta víctima que se presentó ante la justicia. Es un ex seminarista que hoy es empleado en una empresa de servicios del Estado. Relató hasta qué punto Ilarraz corrompía a aquellos menores, ninguno de más de 13 o 14 años, de quienes era su director espiritual.
Una fuente judicial indicó que la víctima testimonió durante dos horas y dijo que el cura les enseñaba a masturbarse. Explicó cómo Ilarraz se metió en su vida, lo acogió en sus brazos, y después intentó avanzarlo.
En ese contexto, ratificó todos los hechos denunciados desde el 13 de septiembre pasado. La víctima corroboró que provenía de una familia con lazos afectivos quebrados, con un papá ausente y una mamá víctima de violencia familiar.
"Por eso, se volcó al cariño que le daba el padre Justo", dijo un testigo de la declaración de la víctima. "Este chico tenía como director espiritual al padre Andrés Senger, pero se fue con Ilarraz porque lo veía como una persona alegre, con mucha chispa. Entonces, como era práctica en el cura lo hacía ir a su habitación, y ahí mantenía las charlas. Pero en la habitación comenzó a ver cosas que le parecía que no eran normales. En las reuniones que hacía Ilarraz con los chicos, les daba besos, los tocaba, y se paseaba completamente desnudo frente a ellos", relató.
Pero en el detalle que se detuvo el joven en su relato fue en las "clases" de autosatisfacción que brindaba Ilarraz a los seminaristas. "Les enseñaba a masturbarse. Entraba a la ducha, y salía desnudo, y se le ponía enfrente de los chicos. 'No hay problema que nos miremos desnudos, porque somos todos hombres', les decía a los chicos", trascendió.
La víctima relató en la Justicia que aquella escena lo incomodaba. Acotó que como provenía de una familia tradicional, en la que de sexo no se hablaba, aquello le provocaba pudor y rechazo. Le parecía que aquello no estaba bien, que era malo, por más que Ilarraz pretendiera convencerlo de lo contrario", recordó.
Por otro lado, el miércoles pasado se sumó la declaración un sacerdote que ya no está en la diócesis de Paraná, sino que desde 2008 está a préstamo en la diócesis de Sabina-Poggio Mirteto (Italia). Se trata de Pedro Amadeo Barzán, un hombre de 42 años, que por estos días junto a su familia, en Villaguay.
Contactado por el fiscal de la causa, Juan Francisco Ramírez Montrull, Barzán aceptó testimoniar en Tribunales en el marco de la causa que investiga los abusos de menores cometidos por el cura Ilarraz.
Barzán fue, mientras Ilarraz era prefecto de disciplina del Seminario Menor, responsable de los seminaristas, como estudiante avanzado que era. Allí, se los conocía como bedeles. Fue bedel desde 1990 a 1992. Dos años después, en 1994, se ordenó como sacerdote.
En 1995, cuando el arzobispo del momento, el hoy cardenal Estanislao Esteban Karlic ordenó realizar una investigación diocesana a partir de las denuncias hechas contra Ilarraz, Barzán declaró como testigo, y le preguntaron sobre una víctima: que si era creíble, que si era "normal afectivamente".
Barzán dio un dato, que era "de su grupo de allegados", en referencia a Ilarraz. Le preguntaron entonces si era "normal" ese grupo de allegados, la cercanía de seminaristas y formador, o si "llamaban la atención en algo", le inquirireron.
"Era un grupo bastante cerrado -contestó entonces Barzán-, muchas veces difícil de manejar a sus integrantes para mí, que era su bedel. Además, amparados por el mismo padre Ilarraz, gozaban de ciertos privilegios que no eran extensivos al resto de los muchachos. Esto hacía que fueran marcados por el resto, muy puntualmente, sus integrantes".
Barzán en su declaración fue "reticente", según la calificación de una fuente judicial. Dijo que en una oportunidad una víctima le refirió algunos hechos, que no pudo precisar, y que él le recomendó que hablara con su superior, el actual arzobispo, entonces rector del Seminario, Juan Alberto Puiggari. No aportó demasiados datos de relevancia, aunque se supone en la Justicia que calló más de lo que dijo.
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