La decisión más política de Cristina

Por Ricardo Kirschbaum

La elección de Juan Manuel Abal Medina como jefe de Gabinete ha sido, si se quiere ver así, la designación más política de Cristina.

El reemplazante de Aníbal Fernández representa a la corriente de funcionarios “cristinistas puros” y su designación puede ser una señal para los sectores más jóvenes que respaldan al Gobierno, pero su desarrollo político es anterior.

El nuevo jefe de Gabinete hizo sus primeras armas en el Frente Grande, con Chacho Alvarez, en la fallida experiencia de la Alianza. Fue segundo de Massa durante el gobierno de Cristina, pero su dependencia política fue con Néstor Kirchner . Era otra pieza del esquema del ex presidente, que consistía en tener siempre fuentes de información directa en todo el Gobierno a través de funcionarios que sólo le respondieran a él.

Así formaba parte del esquema radial, que dibujaba en un papel frente a algunos interlocutores, que explicaba cómo controlaba lo que pasaba en el Ejecutivo y a quienes estaban en la primera línea.

Abal Medina, que asistió también a Kirchner en la UNASUR, asumió cada tarea encomendada con absoluta obediencia , asimilándose así al poder oficialista. Se convirtió en un defensor cerrado de cualquier decisión, plegándose a la versión más crítica sobre los medios y el periodismo, a los que antes había cultivado con entusiasmo.

Abal Medina fue abandonando paulatinamente el segundo plano, representando a la corriente más frontal y menos política del Gobierno, en la que se apoya.

Su cargo futuro, empero, requiere en teoría de una posición más abierta y menos sectaria. Estas condiciones no son, menos en esta administración, de cumplimiento obligatorio. Sería saludable, sin embargo, que Abal Medina expusiera en esta prueba una disposición al diálogo y al consenso democrático que alguna vez supo expresar en sus escritos como politólogo.

Y que, contra toda esperanza, comprenda que la democracia es una construcción colectiva en la que el disenso y la crítica es un derecho central y no un peligro a combatir.

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