Una decisión judicial que tiene un final abierto

Por Adrián Ventura

La decisión del juez federal Daniel Rafecas parece clara: está dispuesto a avanzar en la medida en que el fiscal Carlos Rívolo presente pruebas sólidas.

Ahora, parecería que las pruebas empiezan a aparecer. O, por lo menos, las sospechas son cada vez más fundadas como para oscurecer el horizonte de Amado Boudou.

Sin embargo, no hay que apresurarse a sacar conclusiones: nadie estaba hasta anoche decidido a citarlo, todavía, a una indagatoria.

Boudou sigue siendo el vicepresidente de la Nación y si esa situación llegara a producirse, estará rodeado de muchísimas tensiones, presiones e interpretaciones políticas. Por eso, ni el juez ni el fiscal pueden arriesgarse a llevar a Boudou a semejante trance sin estar plenamente seguros de contar con las pruebas para poder procesarlo.

Así es como hay que leer la definición que ayer tomó Rafecas, que parece dispuesto a avanzar a partir de las investigaciones de un fiscal que está convencido de ir más lejos que otros colegas.

Todo tiene un contexto. Días atrás, el juez Rafecas había dicho, en una entrevista con el periódico Perfil, que había pruebas de las gestiones que realizó Amado Boudou ante la AFIP en favor de The Old Fund (la nueva Ciccone), pero que faltaba establecer la relación del vicepresidente con Alejandro Vandenbroele.

Muchos interpretaron que Rafecas, con esas declaraciones, dejaba traslucir las presiones que estaría ejerciendo el Gobierno para frenar la pesquisa. Pero el juez, según dicen los que lo conocen, quiso hacer otra cosa: instigar al fiscal a redoblar su esfuerzo y, al mismo tiempo, advertir a todos que no rifará su carrera para perjudicar o salvar a Boudou.

Parte de ese contexto, también es cierto, es el hecho de que Boudou parecería no contar ya con la total simpatía de la presidenta Cristina Kirchner ni con la de muchos integrantes del Gobierno. Florencio Randazzo fue, tal vez, el más claro, cuando pocos días atrás afirmó que no ponía las manos en el fuego por nadie. Al día siguiente, como para que no pareciera una opinión aislada, el ex jefe de Gabinete y actual senador, Aníbal Fernández, repitió la frase.

Boudou sabe que ha perdido los aliados de peso con que contaba y que cada vez hay más interesados en verlo caer, aunque el significado institucional del deterioro del vicepresidente no deja de ser un signo de crisis política. Por otra parte, es difícil imaginar que la Presidenta no esté informada en forma reservada del avance de la causa.

La decisión del juez de disponer el allanamiento en un departamento que está a nombre de Boudou tiene estrecha relación con las últimas revelaciones en el expediente.

Primero, las declaraciones que hicieron algunos testigos en el sentido de que Núñez Carmona, cuando le pidió a la empresa Boldt que se corriera del negocio de Ciccone, dijo obrar con el respaldo de Boudou. Y cada vez toma más cuerpo la sospecha de que Fabián Carosso Donatiello -socio de Alejandro Vandenbroele y locatario de Boudou-, que vive en el exterior, sería tan sólo una pantalla para disimular la relación directa entre Vandenbroele y Boudou. Una pista hacia la prueba que reclamó Rafecas..

Comentá la nota