Decepción en un G-20 que no alcanzó acuerdos

Condicionados por Grecia, los líderes no lograron grandes avances

CANNES.- Debía ser la cumbre del G-20 de la confianza en un mundo mejor. Terminó siendo, probablemente, la más decepcionante de todas. Una cumbre monopolizada por la crisis del euro en la que los demás países dijeron a Europa: "Comienza por ayudarte a ti misma".

"Tras esta reunión de crisis? fue una más", reconoció, con ironía, el propio presidente francés, Nicolas Sarkozy, al cierre de la cumbre.

Después de dos días de reuniones, minicumbres y encuentros bilaterales, los líderes de las principales potencias del planeta y los países emergentes se despidieron ayer de Cannes -en medio de un auténtico diluvio- sin haber conseguido un acuerdo sobre cómo fortalecer el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) a fin de evitar la bancarrota de países que podrían arrastrar consigo a la economía mundial.

El único acuerdo obtenido al respecto fue la decisión de "seguir analizando" la posibilidad de ayudar a la eurozona a través del Fondo Monetario Internacional (FMI). Con ese objetivo, los responsables financieros del G-20 estudiarán en febrero próximo los mecanismos posibles.

"¿Por qué tendría que tener intenciones de contribuir al FEEF si ni siquiera ellos [los europeos] las tienen?", dijo, sin ruborizarse, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, resumiendo el sentimiento general. Rousseff aseguró, sin embargo, que su país está dispuesto a realizar una contribución al FMI mediante "acciones bilaterales" para aumentar su capacidad de préstamo anual, que actualmente es de 396.000 millones de dólares.

Los llamados Brics (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) "consideran que toda ayuda financiera a la zona euro debe ser efectuada a través del FMI", insistió.

De acuerdo con ese principio, el presidente chino, Hu Jintao, regresó a su país sin haber confirmado ni la intención ni el monto que su país estaría dispuesto a destinar para ayudar a Europa.

Las 30 horas que duró la cumbre estuvieron marcadas por el drama griego, que consiguió perturbar la totalidad de la agenda.

En medio de la agitación del segundo día, una buena noticia consiguió, sin embargo, calmar un poco los ánimos: Italia, principal preocupación de los mercados financieros, había aceptado someterse a un monitoreo trimestral del FMI y de la Comisión Europea del programa propuesto por el gobierno de Silvio Berlusconi para reducir su gigantesca deuda de 1,9 billones de euros (ver Pág. 4).

También hubo algunas palabras de aliento. El presidente norteamericano, Barack Obama, estimó que la UE estaba "en condiciones" de responder a la crisis.

Por su parte, el presidente mexicano, Felipe Calderón, que heredó ayer en Cannes la presidencia rotativa del G-20, lanzó un llamado a la intervención del FMI en países europeos como Italia y España para crear "una muralla de contención" que impida la propagación de la crisis griega.

Hubo quienes fueron casi tan duros como Rousseff. El premier británico, David Cameron, admitió que su país -que no participa de la moneda única- se prepara para una eventual desaparición del euro.

"Cada día suplementario para la crisis del euro tiene un efecto negativo para el resto de la economía mundial", declaró.

En esas condiciones, todas las promesas de Sarkozy al comienzo de la cumbre quedaron en agua de borrajas, aun cuando el mandatario se esforzó en presentar los resultados como un "verdadero éxito".

En cuanto a la reforma del sistema monetario, el objetivo era limitar la volatilidad del mercado cambiario, sobre todo entre euro y dólar, acusado de acentuar la crisis. La cumbre logró una leve modificación de la posición china, apuntada por el resto del mundo de mantener artificialmente subvaluada su moneda, el yuan. El comunicado final evoca "una progresión en el camino de la reforma del sistema monetario".

Transacciones

El impuesto sobre las transacciones financieras era otro de los puntos. Si bien Francia obtuvo el apoyo de Alemania, España, la Argentina, Sudáfrica y Brasil, no se llegó a ninguna decisión concreta debido a la tenaz oposición de los países anglosajones.

También la regulación financiera. Si bien Sarkozy había asegurado en 2008 que los paraísos fiscales "habían dejado de existir", ayer volvió sobre la cuestión al asegurar que "la comunidad internacional está decidida a terminar con ellos". Sarkozy insistió en que cada cumbre del G-20 publicaría la lista de aquellos países que no cumplieran con las normas de transparencia financiera necesarias. Ayer mencionó, entre otros, a Uruguay (ver aparte).

Los demás objetivos perseguidos por la cumbre, como las medidas para el crecimiento global, la gobernanza económica mundial y la pobreza, figuran en el comunicado con declaraciones de intención, pero sin ningún avance sustantivo.

RESULTADOS DISPARES

El FMI, reforzado: el G-20 autorizó al organismo a lanzar una nueva línea de crédito, aumentar su autoridad de supervisión y ampliar sus recursos sin un límite preestablecido.

El FEEF, sin nuevos contribuyentes: los líderes de países emergentes no se comprometieron a contribuir con el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), como esperaban sus pares europeos.

Reforma del sector financiero: para evitar comportamientos como los que ocasionaron la crisis de 2008, se aumentó la regulación y supervisión de los mercados financieros.

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