"El Negro ganó", se le escuchó decir a un importante intendente del Conurbano, al confirmarse que Hugo Moyano finalmente tomará las riendas del PJ bonaerense, que constituye la principal estructura política de la Provincia.
Pero Moyano no se quedó con los brazos cruzados, y hasta se mostró dispuesto a dar pelea por quedarse con el lugar que, según la carta orgánica del justicialismo bonaerense, le corresponde: reemplazar a Alberto Balestrini, que hace casi 4 meses está luchando por su vida luego de sufrir un accidente cerebrovascular.
Kirchner parece haber caído en la cuenta de que no está en condiciones de tolerar nuevas fisuras en el armado político que sostiene al Gobierno nacional, que lo incluye a Moyano como uno de sus principales protagonistas.
La debilidad de Kirchner también lleva a que les haya dado la venia a varios integrantes del gabinete para que vayan haciendo distintos armados políticos en la provincia de Buenos Aires. Esta estrategia incluye, especialmente, a su hermana Alicia, que en la semana que pasó comenzó a realizar una recorrida por el Conurbano bonaerense para poner en marcha un proceso de instalación de su figura, para lo cual también cuenta con los multimillonarios recursos que maneja el ministerio de Desarrollo Social de la Nación que ella preside. “Alicia es alguien sin experiencia en la batalla político-electoral en la Provincia, no tiene el carisma necesario para dar pelea en el Conurbano”, le dijo a Hoy un importante dirigente del PJ que participó en uno de los cónclaves realizado días atrás, donde Alicia intentó arengar a los caciques del Gran Buenos Aires. Y añadió: “Resulta evidente que se trata de un nuevo experimento electoral, tendiente a mostrar que podría ser, eventualmente, una compañera de fórmula de Scioli en la Provincia. Sería poner a un Kirchner en la línea de sucesión en la Provincia, con proyección a 2015 cuando Scioli, por mandato de la Constitución bonaerense, no tendrá chances de ser reelecto”, afirmó.
Tal como lo viene informando Hoy, el lugar de vice también es ambicionado por el ministro de Interior, Florencio Randazzo, que cuenta con cierto armado político en el interior de la Provincia, y por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con peso propio en la zona sur del Conurbano bonaerense.
A Aníbal y a Randazzo Kirchner también les dio la venia para comenzar a armar, y en la semana que pasó se le sumó el ministro de Economía, Amado Boudou, que se puso al frente de un grupo autodenominado sub 45: dirigentes y funcionarios que tienen menos de 45 años de edad. Entre ellos se encuentra el joven titular de la Anses, Diego Bossio, custodio de la caja más suculenta del Estado nacional.
Por último, al ministro de Agricultura y ex intendente de Chacabuco, Julián Domínguez, también lo mandaron a reactivar su juego en la cuarta sección electoral de la Provincia, donde es aliado político de Randazzo, y algo similar está ocurriendo con el ministro de Justicia, Julio Alak, que también comenzó a operar políticamente.
En la gobernación bonaerense miran atentamente todos estos movimientos. Saben que, en cierta forma, el pingüino les quiere marcar la cancha, a sabiendas que el mandatario provincial muestra mejor performance en las encuestas que el matrimonio presidencial. En ese contexto, se produjo en la semana que pasó la foto entre el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y el intendente de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, unos de los jefes comunales que fueron calificados con el “rótulo de traidor” en las últimas elecciones legislativas.
Está claro que el sciolismo está propiciando su propio armado político, reclutando dirigentes a lo largo y ancho de la Provincia para no depender, exclusivamente, de los mandamientos de la Casa Rosada. En la lista de posibles aliados está, pese a algunos vaivenes (ver página 6), el platense Pablo Bruera, otro que no cae para nada bien en la administración K.
Lejos está la posibilidad de que Scioli rompa con los Kirchner: por el momento no cuenta con recursos económicos y políticos para poder hacerlo. Y además, pese al maltrato que a veces destila el ex presidente en mandato, los Kirchner saben que Scioli es su mejor carta. Lo que está ocurriendo, en definitiva, son movimientos subterráneos de cara a la gran batalla final que tendrá lugar el año que viene.











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