Así lo aseveró el titular de Control de Plagas de la Municipalidad, Conrado Murdocca, al ser consultado por la gran cantidad de cascarudos que invadió la ciudad en la última semana. “Su presencia masiva es producto de los desequilibrios que ocurren en la naturaleza ante el uso y abuso de algunas sustancias”, explicó.
“Así - continuó Murdocca - coleópteros como los cascarudos que aparecieron en Mar del Plata no encuentran competencia natural y crecen y se reproducen en mayor cantidad”.
A colación, en idéntico sentido, la máxima autoridad de Control de Plagas analizó: “por su dureza, la gran cantidad de quitina que poseen y por sus alas anteriores extremadamente consistentes, estos bichos son bastante resistentes. Si a ello le agregamos la reducción de la población de aves, ciempiés, alacranes, arácnidos y otros depredadores estaremos ante un seguro crecimiento del número de cascarudos”.
Consultado por las características de estos escarabajos, Murdocca respondió: “son comunes y, aunque es muy normal verlos en esta época, sorprende encontrarlos en una cantidad realmente inusitada”.
Y continuó: “muy probablemente, por las altísimas temperaturas que hemos tenido, se multiplicaron y aparecieron por todos lados”.
Asimismo, el funcionario especificó: “se trata de un animal que, una vez que llega al estado adulto, procede al acto de la copulación. Entonces, la hembra pone los huevos y, desde el punto de vista de la biología, su vida pierde el sentido, por lo cual muere. Así es como la larva crece, madura y se transforma en una pupa a partir de la cual surgen los nuevos adultos, situación que regularmente se produce en diciembre, enero y febrero”.
Poco después, siguiendo con el análisis, Murdocca añadió: “en invierno, tienen una vida semilatente, pues atraviesan el periodo en el cual la larva se desarrolla a la espera de la temporada”.
En otro sentido, en tanto, aseguró que “si uno no los toca no puede sufrir ninguna consecuencia porque no lesionan al ser humano”. “Lo único que pueden producir – especificó – es alguna irritación en la piel ante el contacto”.
Por eso, más adelante, Murdocca, preocupado, repitió: “pareciera que hay un complot en relación a todo bicho que camina, como si tuvieran que ser eliminados por ser competencia para el ser humano”.
Y recordó: “hace años una bióloga muy visionaria escribió ‘Primavera silenciosa’, un libro maravilloso que justamente alude a las terribles consecuencias de los insecticidas”.
En consonancia con esa idea, al finalizar, Murdocca recapituló: “hace cuatro años tuvimos un problema con las orugas en Montemar y El Grosellar, también como consecuencia de que se había exterminado un nicho biológico depredador de esta especie”.
Entonces, resaltó: “siempre digo que no hay que ser ecologista a ultranza ni defensor acérrimo de los pesticidas y mucho menos mal utilizados, mal dosificados o prohibidos por la Organización Mundial de la Salud; debe haber un equilibrio y en eso estamos”.
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