La Voz debería admitir que hace campaña para Juez

Sería un gesto de honestidad. Muchos medios en el mundo lo hacen. En Brasil sucedió hace algunas semanas. El diario paulista O Estado transparentó ante sus lectores su posición político-electoral a favor del candidato presidencial opositor José Serra. Fue su manera de explicar, ante el desafío y la crítica del presidente Lula, la sistemática y retorcida oposición a Dilma Rousseff.
Debería La Voz, en Córdoba, imitarlo y comunicar a sus lectores que son parte integrantes de la campaña política de Luis Juez. Más valioso aún sería si lo hacen sin que nadie se los pida.

Con sólo repasar su archivo, especialmente en las últimas semanas, las evidencias de manipulación informativa de La Voz para favorecer al líder del fin del choreo son tan ostensibles que representa una burla a la inteligencia de los cordobeses mantener la hipocresía de diario “independiente”. Trabajan para la campaña de Juez y deberían blanquearlo. Aun cuando los avergüence la estatura política y republicana de su líder. Siempre será mejor que aparentar. Son tiempos de apertura. No hay que temer. Ya nadie se avergüenza de ser gay, por ejemplo. Ya nadie oculta una incapacidad física. Lo que no se debe hacer es caer en deshonestidad (intelectual o política) e intentar engañar a sus lectores, anunciantes y a la opinión pública. Observemos, para no abundar, el tratamiento de sólo tres temas de alto perfil en los últimas semanas: a) Los concursos de cargos jerárquicos en la provincia. Primero, en una acción combinada con Juez, le ofrecieron el título gigante de una edición de domingo para una denuncia falsa y hasta estrafalaria sobre la circulación anticipada de cuestionarios de exámenes (una más, porque desde 2002 en adelante ése es un ejercicio constante y cada vez más desvergonzado de Juez y La Voz). La Justicia la desestimó con elementos más que fehacientes. No hay ningún sostén jurídico que invalide los concursos. Sin embargo, ni el dictamen judicial ni el cumplimiento de todos los requisitos en ese proceso son suficientes. El chisme, la basura informativa, sigue alimentando el tratamiento que La Voz hace del tema. Sólo porque eso favorece al clima social de sospecha y resentimiento, única base electoral de un juecismo vacío, no sólo de ideas, sino, y mucho más importante, de oferta y ejemplo de administración del Estado. b) El Plan Clase Media. La construcción de las mil viviendas con fondos provinciales fue un anticipo de LA MAÑANA el 13 de setiembre. La confirmó el gobernador Schiaretti el viernes pasado, a pesar de haberlo negado con un comunicado el día que este diario lo publicó. La Voz hubiera preferido dar la primicia. Pero como tantas otras veces demoró en enterarse (es genéticamente lenta). De cualquier manera, las viviendas se construirán y eso es, por encima de la vanidad periodística, importante para el público. Sin embargo, uno de los escribas más superficiales y limitados de la sucursal cordobesa de Clarín, asumió el asunto desde la sospecha. Es decir, desde el imaginario discursivo del juecismo. Casi al borde de la “grasada”, pasó el límite de la irrespetuosidad para con el propio gobernador (sea éste Schiaretti o Juan de los Palotes, algo que en redacción debería hacer de nuevo el tipeador juecista mencionado) y le atribuyó la intención de “sacar” de la agenda el tema de la estudiantina de las escuelas tomadas. ¿Como si eso fuera posible? O peor. Como si éste o cualquier otro gobernador no supiera que la agenda de los medios es algo ajeno a su voluntad. Casi como un adolescente excitado ofreció el escriba berretongo un manifiesto de apoyo a lo que, según cree, es la revolución del acné. Al anuncio de la construcción de las viviendas lo condenó sólo a una crítica rastrera, pese a que el tema es de evidente interés para mucha gente.

c) La estudiantina en los secundarios. En este punto la propaganda para Juez es más evidente. Probablemente porque en temas educativos los intereses juecistas son casi promiscuos en ese diario. Exaltó y alentó, a lo largo de una semana completa, un hecho evidentemente manipulado por punteros que, aprovechando energía joven e inexperta, amontonan reclamos justos por fallas edilicias, cuestionamientos sobre un anteproyecto de ley que ni siquiera tomó estado parlamentario, y enseñanza religiosa.

Todo en un zafarrancho que sirve únicamente para hacer funcionar la máquina declaracionista de campaña a favor de su candidato. Esto a costa de bastardear el equilibrio al que también estan obligados los medios de prensa. Mucho más si lideran monopólicamente el mercado. Tan manifiesta fue la tergiversación que el tipeador de turno en el autodenominado panorama político de domingo, determinó ayer que para Schiaretti la estudiantina significará retirarse del poder el año que viene sin la “fiesta” del reconocimiento a las obras de su gestión. Y, como no podía faltar, también le cargó a José Manuel de la Sota la imposibilidad de hacer una eventual campaña electoral recordando las 400 escuelas construidas durante sus gestiones. Todo un entramado de consecuencias que sólo cabe en el inconexo pensamiento de un militante en campaña.

Pero hay algo curioso que se da en otra sección de La Voz. La gerencia comercial de ese diario parece ver distinto las cosas. Allí están cada vez más encantados e interesados en las obras del gobierno de Schiaretti. Tanto es así que publican decenas de suplementos especiales auspiciados con pautas extravagantes para cumplir los objetivos de venta publicitaria que les fija Héctor Magnetto. Y el gobierno se las da. En exclusiva. Si hasta le están construyendo (el gobierno) con dinero de los contribuyentes, una plaza por iniciativa, con diseño arquitectónico y nombre propio a La Voz. Quiere el diario juecista quedar estampado en la memoria histórica de la ciudad por la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Mal negocio el de Schiaretti. A Juez, La Voz le sacó la nomenclatura de una avenida y un Jerónimo Luis de Cabrera aburriéndose eternamente con la lectura de sus páginas en una estatua de dos pesos. Con eso le hacen la campaña gratis.Y se nota. Deberían reconocerlo y acabar con el juego de pegar con izquierda, cobrar con derecha y condenar a la categoría de boludos a los ciudadanos.

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