"Se deben denunciar los abusos de poder que hay en Venezuela"

Así lo dijo por Radio 10 José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, quien fue expulsado por Chávez en 2008 tras presentar un informe que alertaba sobre el las violaciones a los derechos humanos en ese país. La jueza Afiuni continúa presa por un fallo que provocó el enojo de Chávez
El director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, recordó esta mañana por Radio 10 cómo fue el proceso de detención que sufrió hace dos años en Venezuela, luego de presentar un informe de su organización en el que se subrayaba el "crecimiento de la intolerancia y de las violaciones a los derechos humanos en ese país".

"Yo fui expulsado de Venezuela. Un grupo de 20 hombres armados nos estaba esperando en la puerta del hotel y nos metieron en un vuelo directo a San Pablo, Brasil. A empujones nos sacaron", detalló Vivanco.

Asimismo, criticó el grado de intolerancia que existe en Venezuela y se solidarizó con la jueza María Lourdes Afiuni, presa hace cinco meses como consecuencia de la "falta de libertad de expresión" en ese país.

"Para Chávez sólo valen los que piensan igual que él", indicó Vivanco y agregó que "en Venezuela hay un alto grado de concentración de poder".

Vivanco, de nacionalidad chilena, afirmó además que "el Poder Judicial también está controlado por Chávez" lo que supone "un apoyo incondicional" desde este ámbito también.

"La libertad de prensa y de expresión en Venezuela sigue en franco deterioro, por eso se debe hacer hincapié en defender los espacios que aún están vigentes", destacó.

Cómo sacaron a José Vivanco de Venezuela

El 18 de septiembre de 2008 presentó un libro en Caracas que documenta cómo el Presidente Hugo Chávez deterioró la protección de los derechos humanos en Venezuela.

Cuando regresaron al hotel esa noche, los esperaban unos 20 agentes de seguridad, algunos de ellos armados y uniformados. Quien los dirigía afirmó que era un funcionario de "derechos humanos" del gobierno y que eran expulsados del país.

El funcionario, acompañado por un camarógrafo oficial que filmaba la expulsión, actuaba como si estuviera cumpliendo con un procedimiento legítimo. Con total naturalidad informó que los agentes habían ingresado a las habitaciones y habían empacado las valijas.

Cuando intentaron comunicarse por celular con suss familias, toda apariencia de protocolo desapareció abruptamente. Los agentes de seguridad los rodearon, les arrebataron violentamente los teléfonos de las manos y extrajeron las baterías.

Luego los empujaron hasta un ascensor de servicio, los llevaron al sótano y los obligaron a ingresar a una camioneta con vidrios polarizados. Los llevaron al aeropuerto y los embarcaron rumbo a San Pablo, Brasil.

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