El prelado mostró su preocupación por el desapego a la vida de los adolescentes. Remarcó la necesidad asumir la responsabilidad en su formación.
En diálogo exclusivo con EL LIBERAL, el prelado advirtió que ‘eso debe interpelar a toda la sociedad el lamentable crecimiento de casos de suicidios en jóvenes’.
‘La angustia, el temor grave de la prueba, el sufrimiento y la desesperación suelen llevar los jóvenes al sinsentido de la vida. Sólo una mirada trascendente es capaz de encontrar el sentido aún en medio de las graves dificultades de la vida’, consideró.
Interpretó que los jóvenes y adolescentes ‘constituyen lo más preciado de un pueblo y deben ser una de las principales preocupaciones de todos los que tenemos alguna responsabilidad en su formación’.
‘Lamentablemente son muchos los jóvenes que crecen sin consciencia de la presencia de Dios y sin religión. Sin esperanza, sin una adecuada contención familiar, sin verdaderos amigos, sin formación en la fe, sin la posibilidad de estudiar ni de trabajar. Son muchos los que quedan al margen de la sociedad y muchas veces son tratados como sobrante’, opinó.
Acerca de la grave realidad que viven muchos jóvenes expresó que frecuentemente ‘quieren escapar a su situación a través de la alienación de las adicciones o de excesos nocivos de todo tipo y, lamentablemente, a veces llegando al extremo del suicidio’.
‘Esta agresión a sí mismos puede revestir diversas formas que van desde el poner en riesgo sus vidas en la diversión, pasa por la anorexia y la bulimia, por el alcoholismo y las drogas, y en algunos casos, suele terminar en el drama del suicidio’, afirmó.
Mons. Torrado Mosconi opinó que los adolescentes “necesitan un cuidado especial”, pues remarcó que “ya no son niños y aún no son jóvenes; están en la edad de la búsqueda de su propia identidad, de independencia frente a sus padres, y en esta etapa son más vulnerables y pueden ser víctimas de falsos líderes y pagar altos costos para no sentirse solos”.
“Pueden dejarse engañar fácilmente por los que les ofrecen un mundo alienado individualista y narcisista”, sostuvo.
Para el obispo auxiliar, “suelen vivir solo el momento presente porque el pasado ha perdido relevancia ante tantos fracasos sociales, políticos y económicos, y el futuro para ellos suele presentarse peligrosamente incierto; muchos prefieren refugiarse en vivir el día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales”.
Én tal sentido, consideró que las relaciones humanas “son como objetos de consumo, que los llevan a relaciones afectivas vacías, sin compromiso responsable y definitivo; suelen reducir el amor a tener ‘química’”.
Recalcó que muchos jóvenes crecen afectados por las secuelas de la pobreza y la marginalidad a la que quedan sometidos al no poder estudiar ni trabajar. “Son muchos los que no pudiendo completar sus estudios y sin trabajo quedan marginados de la sociedad y sin esperanza”, explicó.
Evaluó que por la crisis que atraviesa la familia, muchos sufren profundas carencias afectivas, conflictos y crecen sin ninguna referencia a los valores.
“La crisis que lleva al suicidio muchas veces tiene una causa espiritual. El vacío existencial de la falta de experiencia personal del amor gratuito de Dios y de la familia”, concluyó.

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